Cuando Zara Goza, con el Profe Rubén.


No puede haber exposición sin profesor, pensé cuando lo vi y recordé a Rubén Darío Gómez, un profesor que a los 15 años me pedía muy serio, que no dejara de escribir. Murió jugando fútbol en la cancha del colegio por un paro cardíaco a los cuarenta años. Había tanta gente en su entierro en Baranoa, como ahora en el anfiteatro de Expo Zaragoza. La gente ama a quienes les hablan con el corazón y ahí estaba él, con sus 60 años y sus tres décadas de carrera musical. Ahí estaba el compositor, el cantautor, el músico, el actor, el abogado, el político, ahí estaba el Ministro de Turismo de la República de Panamá. El mismísimo Rubén Blades.

La música empezó a sonar, miré a mis lados pero nadie podía bailar, estaban paralizados y emocionados. Entonces el maestro apareció y la clase empezó: –“La ex-señorita no ha decidido qué hacer. En su clase de Geografía, la maestra habla de Turquía mientras que la susodicha, sólo piensa en su desdicha y en su dilema… ay! qué problema…”- No hay mucho que explicar, lo que pasó en ese instante solo se puede cantar, vivir: -“Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María!... Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ¡Ciudadanía!”-

Y la ciudadanía salió –aunque hubiese más de un indocumentado- con un mismo grito y bajo una misma bandera de distintos colores, -“Un mismo barrio, Brother”- fue lo único que dijo el man para seguir con su clase de música, de canto, de energía, de alegría de optimismo, de talento, de irreverencia, pero al mismo tiempo de elegancia y empatía.

Rubén no salta ni se acelera, no tiene afán, no lo acompañan bailarinas en tanga ni hace pendejadas en el escenario. El profe Rubén se vacila el concierto fresco como una lechuga, -“con el tumbao que tienen los guapos al caminar”-, está frente a 10mil personas con la misma seguridad con que promueve su país desde el despacho en el Ministerio, con la misma paz que se respira en el patio de su casa. Y en ese patio ahora sí bailábamos todos: Adán García, Juan Pachanga, El tiburón, Paula C, Cipriano Armenteros, Pablo Pueblo, El Camaleón, El padre Antonio y su monaguillo Andrés, Usted y por supuesto Pedrito Navaja y Ligia Elena, quien dejó al trompetista de la vecindad, por quien ahora escribe estas letras.

Todo un privilegio: Blades había pasado 9 años alejado de los escenarios y ahora estábamos ahí, juntos, todos de frente, otra vez catándole a la utopía, olvidándonos de los problemas. Cubanos, Panameños, Peruanos, Dominicanos, Colombianos, Uruguayos, Venezolanos, latinos de todas partes y de todas las edades, inmigrantes todos como Rubén en su momento, ahora jugando a conquistadores, con la música como espada y como escudo sus caras, nuestras caras –“Esas caras orgullosas que sueñan con una Latinoamérica unida, con un mañana de esperanza y libertad”- Con estas se encontró Rubén otra vez, después de casi una década de ausencia y más de 18mil kilómetros de distancia del Caribe, al otro lado del charco, estaban las mismas -“caras de trabajo y de sudor, de gente de carne y hueso que no se venció, de gente trabajando, buscando un nuevo camino, orgullosa de su herencia y de ser latino… de una raza unida la que Bolívar soñó.”-

Hay dos momentos que no olvidaré: Cuando cantó: -“Solo quien tiene hijos entiende que el deber de un padre no acaba jamás, que el amor de padre y madre, no se cansa de entregar, q' deseamos para ustedes, lo q' nunca hemos tenido, q' a pesar de los problemas… familia es familia y cariño es cariño”- y a Ligia Elena, Esperanza, Ricky, Juanca, Wall, Yara, Pedrito Navaja y a todos los demás y no nos dio la gana de evitar las lágrimas.

El segundo momento fue cuando nos llevó Plantación Adentro, -“dentro del follaje y de la espesura, donde todo viaje, lleva la amargura, donde se sabe camará, donde se aprende la verdad. Donde Camilo Manrique falleció, por golpes que daba el mayoral y fue sepultado sin llorar ¡Ja!, una cruz de palo y nada más.”- Ahí nos invitó Rubén a todos, se la dedicó a Colombia, al Macondo de mariposas amarillas donde -“Se murió el indio Camilo por palos que daba el mayoral y donde el médico de turno dijo así: Muerte por causa natural… Claro si después de una tunda e´palo, que te mueras es normal!”-

Casi muerto, después de 48 horas sin dormir, estaba de regreso en un bus a Barcelona para llegar a trabajar. Recordé entonces las palabras de Rubén sobre el carácter y aquella última canción donde dijo: -“Maestra vida camara’a, te da, te quita, te quita y te da… yo te digo la verdad, te da y te quita, te quita y te da…”-

5 comments:

Olga M. said...

Excelente hermanaso, usted esta escribiendo muy rico. Dejeme decirle que lo leo en mis amarillos dias de esta ciudad caribecolombiana.
Un abrazo y muy sentidas sus historias.
Ah y por supuesto, voté.

Carlos Piegari said...

No entiendo como no te dedicás de lleno a escribir. Está perfecta.

mines said...

oye:que envidia tu fluidez y forma de escribir. No se como decirte lo bien que escribes, solo se que llegas al alma, salen las lagrimas, hinchas de orgullo mi corazon, emocionas mis sentidos y le das deseos de vivir a mi corazon.
Muy sentido este articulo ..te felicito

Anonymous said...

Entre risas y llantos.... simplemente espectacular, de nuevo volviste a transportarme ... clap clap clap

beatriz said...

wow, sin palabras! te felicito de verdad!