De matasuegras y triquitraques.

Sonaban totes, matasuegras y triquitraques en la calle, habían también castillos de luces multicolores y las inofensivas chispitas mariposa por todos lados. 


Mi mamá le apagaba el televisor y el aire acondicionado a mi papá que permanecía inmóvil con la curva de la felicidad al descubierto. 


Isabel, una mujer a quien le hice la vida imposible pero de quien no recuerdo el rostro, colocaba las galletas de manera elegante para que las empleadas y patronas de los otros apartamentos no nos dijeran líchigos. 


Una vez en la recepción del edificio, los vecinos mostraban su más dulce e hipócrita sonrisa para rezar unas poesías que no se sabían y hartase de dulces hasta rozar la hiperglucemia. Los niños y niñas hacíamos lo que los adultos nos pidieran durante esos eternos minutos para luego poder estar fuera de casa hasta tarde, pecando con la mano peluda, la botella o el escondite americano.


Después de 9 días oliendo pólvora, rezando, comiendo, jugando y jodiendo, llegaba la esperada noche de navidad. 


El árbol de la casa de mi abuela era un sintético pino verde  bañado de bolitas de poliestireno expandido, mejor conocido en aquel lugar del mundo como Icopor, por las siglas de la Industria Colombiana de Porosos. Aquellas diminutas pepas que nos llevábamos a la boca y luego escupíamos sin ningún sentido, intentaban simular una nieve que por más loco que se vuelva el clima, jamás tocará el suelo del Caribe colombiano. Ahí, sobre las raíces plásticas de aquel electrificado árbol, yacían cajas y sobres de todos los tamaños, forrados en papeles coloridos y con diminutas tarjetas marcadas con el corazón: De Marinés para Mamaciá, De tío Yoyo para Julito, decían alguna de ellas. 


La música de la fiesta fluctuaba entre dos generaciones. Por un lado Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Celia Cruz y cuando se ponían pesados hasta Los Panchos, mientras por otro lado estaba el combo de La Lambada, el Joe Arroyo, los Hermanos Rosario y el General. No obstante, justo antes de las 12 de la noche, aquel moderno equipo de sonido con tocadiscos de aguja y doble casetera, se apagaría para que al son de los villancicos, entrara triunfante Mamánuela. Tita Mery, mi abuela, -la misma que hoy me manda mensajes por Facebook- llegaba con su gorro rojo, su larga barba blanca y una almohada doblada bajo la chaqueta. Entonces, haciendo un esfuerzo se sentaba al pie del árbol, le daba gracias a Dios, se zampaba un trago de aguardiente y nos lanzaba regalos, entre gritos y aplausos...


Hoy, tantos años después, no hay pólvora ni Lambada, ni niño Dios ni novena, ni vacaciones ni pesebre, sin embargo prometo que no faltarán ni el Joe ni los agradecimientos y que me zamparé un trago o tal vez dos, por los que están y los que no, por la familia con la que nací y por la que yo mismo he ido formando, por aquellos sueños de niño y tantos recuerdos, de amor infinto.


A ustedes y a vosotros, a los de hoy y a los de siempre, feliz, feliz, feliz Navidad!

El Justiciero

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Jorge le ha dedicado días, meses, años a su sueño y ha logrado mantenerse en pie, lográndolo y reinventándolo en cada momento. Yo dediqué varias horas con mi amigo Ray a hacer este video de un minuto. Nunca he ganado ningún concurso, pero pensé que este valía la pena intentarlo. Si te gustó el video y tu también quieres donar un minuto de tu tiempo a la causa, entra aquí, busca el video de Jorge y regálale un voto a este héroe. Para mas info sobre esta historia, aquí.

Buritaca 200, una familia musical en construcción.


-"Comentar recitales de música es difícil como ejercicio de redacción porque se suelen reiterar los adjetivos"- Me dijo un investigador, columnista, músico y productor de televisión con mucha experiencia en la materia.

Buritaca 200 es una banda musical, alimentada por el vídeo, el teatro y la danza. Es el deseo colectivo de mantener viva una costumbre, un origen, una expresión y un sentimiento hacia una música que ha existido durante siglos en Colombia. Comenzó, entonces, como una agrupación-taller dedicada a estudiar la tradición oral y musical del Caribe colombiano, una manera de ser que encuentra una respuesta siempre alegre, fiestera y esperanzadora a sus realidades, a sus problemáticas y a sus vidas.

Los integrantes de Buritaca 200 son en su mayoría, colombianos residentes en Barcelona. Mujeres y hombres provenientes de disciplinas tan distintas como el rock, el rap y el jazz pero que han iniciado por medio del tambor, un viaje hacia el folklore afro-colombiano. Un viaje en el que no solo han aprendido sobre música sino sobre ellos mismos, sobre lo que son.

-"Colombia es una dicotomía"- asegura Paola, -cantante de la banda- y hablando con los demás integrantes, entiendes que esta gente no niega la difícil realidad de su pueblo y que sus canciones están llenas de crítica y sensibilidad, pero que por encima de eso, Buritaca es una propuesta alegre, más que un intento por reivindicar los sonidos de sus ancestros, es un empeño por descubrir en ellos, una manera propia de expresar sus vidas hoy. Así, sin banderas ni escudos, sus canciones reflejan las preocupaciones por la situación económica y ecológica mundial, pero también sus paseos por el Raval, sus vidas como inmigrantes, sus recuerdos, sus anhelos y sus nuevas percepciones sobre sus propias identidades.

Buritaca me permitió entrar a su espacio, un ensayadero donde se montan las piezas musicales. La primera sensación al estar ahí ha sido la de visitar una escuela, un taller donde se aprende, donde se construye, pero sobre todo donde se comparte. -"Bienvenido, esta es tu casa"- me dijo Jose. 

"¿Cómo no sentirme en casa?" -me pregunté yo, si al entrar me encuentro con una gaita y un tambor, unas maracas, muchas sonrisas, un derroche de energía positiva y una botella de ron en una esquina. Escucharlos ensayar fue reconocer el vacile efectivo con el que yo también crecí, se trata de música popular y moderna, de historias campesinas tradicionales, pero también de sueños, de amor, de la rabia, las frustraciones y la velocidad cotidiana de Barcelona. Compartir unas horas con ellos fue entender que Buritaca es cumbia, fandango, bullerengue, mapalé, porro y champeta, pero también es hip hop, rap, reggae, salsa y rock and roll, una de esas fusiones que no deberían clasificarse ni siquiera como fusión. Una evidencia de que Totó la Momposina, Petrona Martínez, Lucho Bermúdez y el Joe Arroyo, tienen mucho que ver con Calle 13, Rubén Blades, Café Tacuba y Santana.

De repente alguien se equivoca, todos se dan cuenta pero nadie se molesta, la comunicación se corta por un instante. Hay un concierto al día siguiente y quieren que todo esté perfecto, se ponen un tanto nerviosos y se toman un trago de ron, me ofrecen uno a mi y no me queda otra, tengo que ser solidario con la causa.

El bar se ha quedado pequeño, muy pequeño, la convocatoria ha sido todo un éxito. Imágenes del caribe colombiano se mezclan con las del resto del mundo. Las luces empiezan a bailar dándole la bienvenida a la banda y los cueros del tambor llaman a la seducción entre los presentes. Las caderas de las mujeres europeas no se resisten al poder sublime de la gaita y yo siento en la voz de esta banda, la de mi familia, la de la tierra, la de la casa.

-"Cuando vine de mi tierra ninguna gracia tenía... me vine a ver si cambiaba tristeza por alegría. Dejame ver, detrás de la puerta, dejame ver, qué hay al otro lao?"- dice la primera canción.

-"Comentar recitales de música es difícil como ejercicio de redacción porque se suelen reiterar los adjetivos"- recuerdo aquella frase pero no me importa pecar, -"No pienses, ven a bailá, Si sientes vamo a gozá"- me dijo Buritaca y yo obedecí. 

Y es que es difícil, muy difícil, escribir correctamente cuando las piernas se mueven solas y el corazón palpita con tanta fuerza, cuando ves la tambora sudando y sientes el pregón rodar por tus venas. Es que es difícil, muy difícil ser objetivos cuando la piel se eriza, el alma  se alborota y se te olvida hasta la crisis económica. 

Ahí ya no puedes pensar en los adjetivos calificativos, los explicativos o los determinantes, solo en la brisa de la playa, en la cara de la luna y en esa canción que ahora te dice: -"Derrámate en el alma de la gente a la que amas, Y en la memoria de mi pueblo que te canta, Eres magia, fuego universal... Deja que te arrastre broder, Que el amor es bailar..."-

http://www.myspace.com/buritaca