¿Cómo es la feria del sexo?


Creo que fue en una de las crónicas de un tal Pirry, la primera vez que escuché hablar sobre las ferias del porno y sexo que se hacían en Barcelona. Aquellas imágenes seducían una adolescente cabeza que odiaba tanto la paupérrima estética de las putas locales, como la estrafalaria superficialidad de las prepago estrato 6 de Barranquilla. Recuerdo como Mario, un viejo amigo me explicaba: -Loco, te gastas 200 mil pesos con una prepago y la pasas de maravilla, no joden y a todo le dicen que sí. Conquistando a cualquiera te gastas lo mismo en un fin de semana y es posible que a todo, le digan que no-


Años más tarde, en este otro lado del charco, me entero que el Festival de Cine Erótico de Barcelona (FICEB) es trasladado a Madrid, pues su éxito ha sido tan grande en las últimas ediciones, que ha sido imposible controlar el flujo de personas y se han causado graves desordenes públicos en el barrio residencial donde se llevaba a cabo. Entré a internet y respiré profundo, el FICEB había sido reemplazado por el Sexe en Catalá. Una nueva exposición de la industria del sexo y la pornografía en Catalunya.


-La obsesión por el idioma catalán en esta ciudad tiene tan pocos límites, que parece que la última invitación es a que lo usemos también, a la hora de follar.-


Aprovechándome de una acreditación como periodista, teniendo en cuenta que el país invitado era Brasil y que eventualmente colaboro para un par de periódicos "latinoamericanos", fui a saciar mi curiosidad y a explorar ese lado morboso que tengo desarrollado mas o menos igual que resto de los terrícolas.


Para empezar debo decir que el sitio donde se hace la feria parece más una vieja fábrica abandonada que un palacio de convenciones. Está situado cerca al polígono industrial y altas horas de la noche lo más sensato es ir en taxi. Cosa incómoda en una ciudad como Barcelona donde el transporte público funciona de maravilla. Una vez en la entrada, una chica guapa me entregó la invitación y le pregunté algunos datos que no me supo responder muy bien.


Supongo que estas alturas, después de líneas tan aburridas como las precedentes, esperan que les hable de la belleza de las pornstar y de los polvos biónicos de los pornshows, que relate como me dejé usar como carne de cañón en las demostraciones en vivo y todo lo vibrante que se siente en un lugar donde no hay pudor ni vergüenza, donde se hace público, eso que todos los humanos practican en privado. Iré al grano: la feria del Sexe en Catalá resultó mucho más aburrida que este post. Tardé más en llegar que en largarme. He pasado pocas noches tan insípidas y falsas, como esa.


Montones de cajas de películas x -todas diferentes y todas iguales- afiches explícitos. Mujeres mayores avergonzadas, sujetas a maridos que tampoco ponían buena cara. Una pareja "cualquiera" que se dedica a acostarse con quien sea y tomarse fotos para la web. Un stand del país invitado que lo único interesante que tenía era las costosas caipirinhas. Un par de rubias tocándose como si alguien pudiera creer que son lesbianas -ojalá ninguna lesbiana vea semejante imbecilidad- en fin, nada que valiera la pena.


De pronto, el poco público que había (95% hombres) se abultaba con sus cámaras frente a una de las tarimas, pareciéndose al ganado cuando intenta salir del corral. No podría decir que daba asco, pero tampoco era emocionante ni mucho menos inspirador, se trataba simplemente de un par de cuerpos con muy pocos pelos, demasiada silicona y un sutil pero evidente decorado de celulitis fornicando como máquinas, porque seguramente que los animales, lo hacen mejor.


Habían pasado 20 minutos y ya estaba realmente fastidiado, pensando en el concierto de música afrocolombiana que empezaría en cualquier momento, al otro lado de la ciudad. Entonces, cuando buscaba la puerta de salida me topé con una imagen difícil de olvidar. Una chica arropada de pies a cabeza en un vestido de cuero negro, pisaba los cuerpos de un par de tipos gordos y flácidos empacados al vacío -literal y metafóricamente hablando- se supone que se trataba de show de masoquismo, pero por entre el plástico, a mi me pareció ver los ojos de Mario, aquel viejo amigo.

Naty practica el francés.


A los 11 años, una caída en patines le demostró a Nataly que su sangre no era azul, como se lo insinuaba la mamá. 
Llegó a este mundo en 1984 después de una cesaria en la clínica privada más costosa de Barranquilla. Barranquilla es un caliente, polvoriento, dicharachero y corrupto rincón del caribe colombiano, lleno de bellas mujeres, alegres ancianos y espectaculares atardeceres naranja, violeta y rojo.
Las clínicas y todo lo demás en Barranquilla, no se miden por la eficiencia sino por el caché. Tener caché, en Barranquilla, significa trabajar para una multinacional, estudiar la carrera en alguna universidad de la capital, haber asistido a un colegio bilingüe y sobre todo, si eres mujer, que las fotos de tu fiesta de 15 hayan sido publicadas en la sección de sociales del único periódico. 
Nataly juntó esos requisitos y se hizo merecedora de un curso de francés en París, la ciudad de la luz. Esta tarde, un londinense compañero de clases, la invitó a un sitio llamado Le Glamour, con ese nombre, no se pudo negar. 
Ahí, una pareja de la edad de sus padres les dio la bienvenida. El bar tiene una amplia barra de cocktails exóticos, música tranquila, mesas pequeñas para sillas grandes, un baño impecable y una gran cama de 12 metros por 12 metros donde un poco borracha, un poco asustada y muy excitada, Nataly vivió su primera orgía. 
Mañana a las 2:30pm -hora colombiana- le dará un reporte a su madre de cómo van sus clases de francés, con la esperanza de que sus fotos no sean publicadas, esta vez.

Uno vuelve

No es fácil, volver al blog no es fácil.
Volver, nunca es fácil.
A veces la cabeza se llena de ideas pero nada fluye.
La monotonía carcome la esperanza de un buen texto.
El talento de tantos desconcierta e intimida.
La desazón, se hace más fuerte que la muerte y entonces, justo en ese instante, uno vuelve.

Domingo en familia

JC: Socio, esto qué es? de tus amigos, o tuyo?
J: Joder tío, ahora no sabéis que es eso? lo que sostiene la economía de vuestro país.
JC: Sí, la mata-campesinos.

JC: Hey, te tengo la última brother, una bolsa de perico en la sala de la casa.
A: El españolete? eso lo explica todo. Barro, esa jugada siempre lleva a una vaina peor.

JC: Hey, te tengo la última, esté man me pidió anoche el palo de escoba.
A: Mmm, bueno que limpie de vez en cuando -aunque no se bañe- no es grave.
JC: Claro, lo barro fue que me despertó a las cuatro de la mañana para eso y ahora no está ni él, ni el palo.
A: Mierda! salió volando, te lo dije.

Simplemente Julieta*


Nota para Tribuna Latina

Anoche, cuando la vi subirse al escenario con sus legins fucsia y su larga camisa azul pensé que podría ser una de esas niñas con cara bonita que te encuentras cualquier mañana en el metro de Barcelona. Sin embargo, cuando tomó el micrófono y escuché la potencia de su voz, entendí que Julieta podría ser eso y lo que quisiera, desde una diva que llena estadios completos y que pone eufórico a cualquier tipo de público, hasta la culpable del suicidio de cualquier Romeo, incluyéndome.

De Julieta Venegas podríamos decir muchas cosas. Por ejemplo: que ha vendido casi 4 millones de copias y que ha lanzado 5 álbumes. Que ha participado en homenajes a artistas tan diversos como José Alfredo Jiménez, Pablo Neruda, Jonh Lenonn, Joaquín Sabina, José José, Soda Stéreo o Los Tigres del Norte. Podríamos enumerar cada de las bandas sonoras en las que ha participado y sus colaboraciones con Vicentico, Diego Torres, Bumbury y Miguel Bosé entre muchos otros. Podríamos también, hablar de sus premios Grammy, Grammy Latino, Billboard, Viña del Mar, OYE y MTV, entre otros. Y por si acaso, podríamos contar que nació en Tijuana, al norte de México, que aunque parece una adolescente va a cumplir 38 años, que está a favor del aborto y que declaró que, en las pasadas votaciones, votó por Andrés Manuel López Obrador.

En todo caso fue su voz, su frescura, su alegría inherente y su manejo del escenario los que hicieron que intentara contemplarla más de cerca. Entendí entonces, a pocos metros de su silueta, que Julieta podría usar una minifalda ajustada a sus curvas, o un escote como lo hacen tantas. Tantas chicas de pelo teñido, afán de fama y ambiciones millonarias. Tantas mujeres pobres de espíritu, que intentan lograr con su imagen prefabricada, lo que la falta de talento no les permite. Julieta no necesita exhibirse para vender sus discos y lo tiene claro. Su belleza es el equilibrio perfecto entre fuerza y dulzura, entre energía, talento y corazón.

Julieta podría dedicarse a cantar las canciones de otros pero ha preferido escribir las suyas. Julieta habría podido solo preocuparse por su voz, pero decidió aprender, estudiar y explotar todas sus posibilidades. Podría solo tocar el piano, -que aprendió desde los 8 años- pero también le gusta la guitarra, el violonchelo y el acordeón, que en el año 94 empezó a practicar para componer la música de una obra teatral y que hoy es uno de sus amantes inseparables, su símbolo en el escenario. Julieta podría cantar sobre pista y con su carisma igual llenaría los teatros, pero ella prefiere tener su banda completa, con pianos, saxofones, batería, violonchelo, y presentarle a Barcelona un show con todas las de la ley. Julieta podría estar cantando en inglés o debutando en Hollywood, pero ha decidido ser lo que es, con su particular acento norteño que no intenta disimular, podría parecer una niña frágil escondida tras un gran acordeón, pero después de verla sonar en vivo, todos reconocimos una digna representan de la mujer latinoamericana, un ejemplo para los jóvenes de todo el hemisferio, una artista de verdad, que arranca aplausos espontáneos entre los presentes.

Podría escribir esta y muchas más páginas sobre Julieta, podría atreverme a asegurar que tiene un inmenso futuro por delante y que todo está por comenzar, pero ella me lo explicó todo con su última canción, -“El presente es lo único que tengo el presente es lo único que hay”- y cuando realmente dejé de descifrar todo lo que podría contar de ella y me dedique a disfrutar de su presencia, ella me remató -“Qué lástima pero adiós, me despido de ti y me voy, qué lástima pero adiós, me despido de ti…”

Carta a Esperanza.

Barcelona, 15 de Septiembre de 2008


Querida Esperanza.


Estas no son más que palabras repetidas, ambos sabemos que hablo mucho, que es mi mayor defecto. Nada de lo que te voy a decir es nuevo y dudo mucho que ya no lo sepas. Sin embargo, la palabra es mi arma, mi amuleto, mi única certeza. La posibilidad de diálogo, mi obsesión. Con las palabras que decimos y pensamos transformamos nuestra realidad. Con ellas nos han educado y alienado, nos han jodido y nos podemos salvar.


-"Perder es ganar un poco"- Dijo el entrenador más ganador que ha tenido la selección Colombia. El país se le vino encima, le dijo mediocre, conformista y estúpido. Así es ese país, incapaz de mirarse críticamente y de plantearse el diálogo, la discusión de las ideas. El fútbol sí se parece a la vida, aunque esta sea mil veces más compleja y hermosa. Perder, es parte del juego. De un juego que no se acaba hasta que el arbitro pite. Perder es una de las tres opciones, perder es necesario para disfrutar las victorias, perder, cuando un equipo no está acostumbrado a hacerlo, es mucho más duro. Perder es tener la certeza de haber jugado, la dignidad para mirarse al espejo. Perder es tener la posibilidad de admitir los errores, valorar la humanidad y comenzar de nuevo para ganar de nuevo y posiblemente, para volver a perder... a fin de cuentas, para seguir jugando.


Y sin embargo: nadie nos ha enseñado a perder, ni a morir, ni a desenamorarnos. El éxito, la victoria, los logros, las metas, ganar es la misión, la única posibilidad en un mundo repleto de mediocres perdedores y de pérdidas, de desengaños, muertes y desamor.


Creo, sospecho, intuyo, que tenemos derecho a perder una y mil veces, a SER humanos, a no dejar de crecer, a mirarnos al espejo y reconocernos sin jodernos, sin hacernos daño. Perder no tiene nada que ver con ser un perdedor. Los únicos que no pierden son los que no han tenido el valor para competir. Yo por ejemplo, cada vez pierdo más, porque cada vez juego más y me arriesgo con más valor. Perder, errar, cagarla, siempre hará parte de mi vida mientras siga intentándolo, mientras siga buscando, pero insisto, nada tiene que ver con ser un looser. Ellos no compiten, no buscan, ellos se conforman, están llenos de vergüenza, de temor, de desidia y de pesares. Los ganadores hemos perdido mucho y sabemos que seguiremos perdiendo, pero hemos ganado mucho más y estamos convencidos que seguiremos ganando. Ganar no solo tiene que ver con trofeos, premios, reconocimientos, notas, aumentos salariales o aplausos. Ganar tiene que ver con ponerse de pie después de los golpes, con sanar las heridas y rearmar el cubo, con conocerse, perdonarse y reconocerse otra vez como SER humano, como jugador.


Al menos a mi, me aterrorizan los encuentros, las certezas, la claridad. Ganar SOSPECHO, tiene que ver con sospechar, tiene que ver con la incertidumbre, con buscar, con cuestionarse, con los desvelos de un alma revoltosa que no puede parar, de un cuerpo vibrando, que pide más. Ganar tiene que ver con no detenerse y también, con hacerlo en el momento indicado. Ganar tiene que ver con la sonrisa y con el llanto, con la alegría de vivir, con la posibilidad de disfrutar el presente y con observar optimista horizonte que con nuestros actos se transforma. 


Creo, sospecho, intuyo, presiento, que todo esto ya lo sabías pero que jugar implica recordárte todo el amor, que llevo dentro.


Atentamente,


Roberto.


PD: Viejas conversaciones de Roberto con ella, con el man y contigo.

La travesía de Juancho Lucho Pelotera*




*Nota para TribunaLatina.com

Eran las 21h cuando llegué al Palau Sant Jordi. Me acerqué a la oficina de prensa para recibir la acreditación mientras con la mano izquierda en el bolsillo sujetaba la boleta que había comprado tres meses atrás.

No había nada que dejarle a la improvisación. Se presentaba un grande, no solo por ser el ganador de tres de los últimos premios Billboard Latinos, seis Grammy Latinos y dos anglosajones. No solo por haber vendido más de 20 millones de copias, ser considerado un revolucionario de la música tropical y el dominicano más conocido en el mundo. Juro que no era solo eso, el que se presentaba ayer en el Palau Sant Jordi, es el profesor de baile de toda una generación, el cómplice de cientos de miles de parejas que juntas, muy juntitas, y sin el más mínimo asomo de vergüenza o pudor se han cantado al oído:

-“Quisiera ser un pez, para mojar mi nariz en tu pecera y hacer burbujas de amor, por donde quiera, ¡oh! ¡oh! pasar la noche en vela… mojado en ti. Un pez, para bordar de corales tu cintura y hacer siluetas de amor, bajo la luna, saciar esta locura… mojado en ti”-

21:30h y el Palau Sant Jordi ya estaba prácticamente lleno. Las banderas dominicanas, peruanas, mexicanas y colombianas aparecieron en escena, las parejas se abrazaron, las luces se apagaron y en un par de pantallas gigantes un avión aterrizó. El telón que cubría el escenario con el mapa de América se desplomó y de la imagen de fondo vimos a Juan Luis Guerra caminar por la pista de aterrizaje y segundos después, como por arte de magia, aparecer en el escenario. La travesía, una de las canciones de su último CD, fue la elegida para darle título al tour que lo ha traído a Barcelona desde Drammen, en Noruega, después de 17 conciertos.

Precisamente con esa canción empezó un repertorio que pareciera no tener fin. Lleno de energía y vitalidad pero con la serenidad y madurez de sus 51 años, Juan Luis le cantó a todos: a los de aquí y a los de allá, a los cristianos como él, a Nora, su mujer, a todos aquellos que lo han seguido los pasos desde que lanzara Soplando, aquel primer disco que en plenos 80´s se atrevió a mezclar merengue y jazz. Pero le cantó sobre todo, a la gente joven de la Barcelona de hoy, una ciudad mediterránea como pocas, pero cada vez más permeada por los sonidos y colores del Caribe.

Las alas del avión que lo dejó en el Sant Jordi terminaron convirtiéndose en las alas de una paloma blanca que apareció sobre las caras de chicos dominicanos, mientras que todos los presentes cantábamos: -“Pa que to los niños canten este canto, ojalá que llueva café en el campo…”-

De ahí en adelante fueron muchas las canciones. Si tú te vas, Me enamoro de ella, Woman del Callao, Como abeja al panal, La bilirrubina, Vale la pena, El Niágara en bicicleta y muchas más, demasiadas para nombrarlas todas, escasas para dos horas de concierto, pero suficientes para remover cualquier cantidad de recuerdos, de momentos vividos en aquellas tierras de donde muchos salimos, buscando visa para un sueño…

De todos modos, aunque todas las hayamos escuchado y tarareado alguna vez, aunque algunas ganaran el Grammy anglosajón y uno que otro sueco las cantara el pasado 4 de Septiembre en Estocolmo, para mí, lo que convierte verdaderamente en especial a Juan Luis Guerra, es que desde lo popular y lo festivo, hace parte de ese selecto grupo de artistas que han logrado eso que ni los políticos, ni los educadores, ni los militares, ni los empresarios, ni los periodistas y ni siquiera los deportistas han sido capaces, derribar fronteras y poner a todos los países del continente a hablar el mismo idioma: -“y la gasolina sube otra vez, el peso que baja ya ni se ve y la democracia no puede crecer, si la corrupción juega ajedrez, a nadie le importa qué piensa usted?, será porque aquí no hablamos francés, ah ah vous parlez, ah ah vous parlez, ah ah no Monsieur…-“

Yo también cantaba El costo de la vida, con algo más de nostalgia pero con la misma emoción de diez años atrás, cuando gracias a ella aprendí a bailar. Sin embargo en esta ocasión, la historia era otra, un catalán a mi lado, entregándose a unas caderas morenas cantaba con el alma: -“somos un agujero en medio del mar y el cielo, 500 años después. Una raza encendida, negra, blanca y taína, ¿pero quién descubre a quién… ¡eh,eh,eh!?”

A las 0:00h la tarima bajó como un ascensor y Juan Luis se despidió por última vez desde las imágenes pregrabadas, las luces se prendieron y todos despertamos del sueño mientras 4.40, su inseparable orquesta, abordaba la mismo avión, rumbo a otra travesía.

Expo Zaragoza. ¡Agüita pa’ mi gente!




Aquel jueves trabajé 12 horas seguidas editando frente al ordenador. Después me puse a prueba, viví algo tan excitante y divertido, como impresionante, repugnante y doloroso. Me enfrenté desnudo a la gran bestia y me perdí entre aquella jungla de animales salvajes. No hubo tiempo para dormir. A las cinco de la mañana me pegué una ducha que no me limpió y a las seis estaba mirando por la ventana de aquel bus, las imágenes bellas y asquerosas se confundían unas con otras, el silencio reinaba, pesado y burdo sobre mi cabeza. Torcí las piernas contra el espaldar de la silla de enfrente para intentar descansar. –“¿Será que puedo escribir en el blog lo que quiera, sin prejuicios, sin temores, sin vergüenzas?”- Justo después de preguntármelo, caí redondo como una guanábana.

Al despertar la historia era otra, Wall como siempre nos hizo reír y la Expo se levantó frente a nosotros. 108 países expuestos para recordarnos de qué estamos hechos. Sí, de eso, de agua. Expo Zaragoza 2008 es un lugar de reflexión constante. Aparentemente, un escenario desligado de los intereses de las grandes multinacionales, pues por ingenua que parezca esa afirmación, las exhibiciones muestran lo jodido que estamos y lo incapaces que hemos sido los seres humanos para darle un buen trato al recurso más preciado que tenemos.

De pronto, un ejemplo en uno de los paneles me jodió la tarde y amenazó este post: -“Para los más pobres el agua es más cara. 2.500 millones de personas sobreviven con menos de 2 euros al día. Llenar un recipiente de 1000 litros de agua en Nueva York vale 0.40 euros. Llenar el mismo recipiente en Barranquilla, Colombia. Vale 3.90 euros”-

Recordé una historia que quisiera que fuera ficción, pero que no lo es y me fastidia. La historia se remonta al año 1991 cuando el Concejo Municipal de la época aprobó el Acuerdo por medio del cual se autorizó al alcalde de Barranquilla a participar, en la creación de “una Sociedad Anónima de Economía Mixta’’ para prestar los servicios de agua, alcantarillado y aseo. En consecuencia, fueron liquidadas las Empresas Públicas Municipales que existían desde el año 1960. Cinco años más tarde durante la alcaldía de el Dr. Edgar George González* se pactó un acuerdo mucho más hermoso por medio del cual le entregaron la mayoría de acciones a la empresa privada INASSA, constituida con un ridículo capital de un millón de pesos (333 euros) y que tenía como socios a la multinacional Aguas de Barcelona (51 por ciento de acciones) y Fidugan (49 por ciento); Inassa quedó como socio calificado, y como operadora, la empresa Aguas de Barcelona. La misma de la que a mí ahora me llega una factura cada dos meses con un valor muy inferior al que pagaría en mi ciudad natal.

Miré a mi alrededor, volví a Zaragoza, volví a la Expo. Casi me atropella un desfile del Cirque de Soleil. Me emocioné con una amiga de Wall y Yara que desde una de las carrozas nos saludó con sonrisa colorada. Alguna vez bailé con ella, no lo recuerdo bien, era una fiesta de la Universidad con gente sudando en la terraza de la casa y ella era una chica un tanto rara.

Raro es que en aquel pueblo de corruptos, alguien sueñe con hacer teatro profesional.

Me relajé y viajamos por Japón, bailamos en Malasia, tomamos café de Colombia y nos dio envidia la Argentina. Comimos hamburguesas y fuimos a conocer el centro de la ciudad. Al regresar, el clima era perfecto y Esperanza y yo nos subimos al teleférico más largo en el que haya estado jamás. Suspendidos en los aires, redescubriendo el mundo a nuestros pies, entendimos que el de abajo era el Ebro y no el Magdalena y de pronto el vacío se llenó de pasado, presente y futuro confundiéndose sin pelear. Entonces los dolores y el cansancio se derramaron, y los pingüinos fueron nuestros cómplices, en un silencio victorioso que nos mantuvo en el aire, mientras hacíamos el amor.

Cuando Zara Goza, con el Profe Rubén.


No puede haber exposición sin profesor, pensé cuando lo vi y recordé a Rubén Darío Gómez, un profesor que a los 15 años me pedía muy serio, que no dejara de escribir. Murió jugando fútbol en la cancha del colegio por un paro cardíaco a los cuarenta años. Había tanta gente en su entierro en Baranoa, como ahora en el anfiteatro de Expo Zaragoza. La gente ama a quienes les hablan con el corazón y ahí estaba él, con sus 60 años y sus tres décadas de carrera musical. Ahí estaba el compositor, el cantautor, el músico, el actor, el abogado, el político, ahí estaba el Ministro de Turismo de la República de Panamá. El mismísimo Rubén Blades.

La música empezó a sonar, miré a mis lados pero nadie podía bailar, estaban paralizados y emocionados. Entonces el maestro apareció y la clase empezó: –“La ex-señorita no ha decidido qué hacer. En su clase de Geografía, la maestra habla de Turquía mientras que la susodicha, sólo piensa en su desdicha y en su dilema… ay! qué problema…”- No hay mucho que explicar, lo que pasó en ese instante solo se puede cantar, vivir: -“Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María!... Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas, ¡Ciudadanía!”-

Y la ciudadanía salió –aunque hubiese más de un indocumentado- con un mismo grito y bajo una misma bandera de distintos colores, -“Un mismo barrio, Brother”- fue lo único que dijo el man para seguir con su clase de música, de canto, de energía, de alegría de optimismo, de talento, de irreverencia, pero al mismo tiempo de elegancia y empatía.

Rubén no salta ni se acelera, no tiene afán, no lo acompañan bailarinas en tanga ni hace pendejadas en el escenario. El profe Rubén se vacila el concierto fresco como una lechuga, -“con el tumbao que tienen los guapos al caminar”-, está frente a 10mil personas con la misma seguridad con que promueve su país desde el despacho en el Ministerio, con la misma paz que se respira en el patio de su casa. Y en ese patio ahora sí bailábamos todos: Adán García, Juan Pachanga, El tiburón, Paula C, Cipriano Armenteros, Pablo Pueblo, El Camaleón, El padre Antonio y su monaguillo Andrés, Usted y por supuesto Pedrito Navaja y Ligia Elena, quien dejó al trompetista de la vecindad, por quien ahora escribe estas letras.

Todo un privilegio: Blades había pasado 9 años alejado de los escenarios y ahora estábamos ahí, juntos, todos de frente, otra vez catándole a la utopía, olvidándonos de los problemas. Cubanos, Panameños, Peruanos, Dominicanos, Colombianos, Uruguayos, Venezolanos, latinos de todas partes y de todas las edades, inmigrantes todos como Rubén en su momento, ahora jugando a conquistadores, con la música como espada y como escudo sus caras, nuestras caras –“Esas caras orgullosas que sueñan con una Latinoamérica unida, con un mañana de esperanza y libertad”- Con estas se encontró Rubén otra vez, después de casi una década de ausencia y más de 18mil kilómetros de distancia del Caribe, al otro lado del charco, estaban las mismas -“caras de trabajo y de sudor, de gente de carne y hueso que no se venció, de gente trabajando, buscando un nuevo camino, orgullosa de su herencia y de ser latino… de una raza unida la que Bolívar soñó.”-

Hay dos momentos que no olvidaré: Cuando cantó: -“Solo quien tiene hijos entiende que el deber de un padre no acaba jamás, que el amor de padre y madre, no se cansa de entregar, q' deseamos para ustedes, lo q' nunca hemos tenido, q' a pesar de los problemas… familia es familia y cariño es cariño”- y a Ligia Elena, Esperanza, Ricky, Juanca, Wall, Yara, Pedrito Navaja y a todos los demás y no nos dio la gana de evitar las lágrimas.

El segundo momento fue cuando nos llevó Plantación Adentro, -“dentro del follaje y de la espesura, donde todo viaje, lleva la amargura, donde se sabe camará, donde se aprende la verdad. Donde Camilo Manrique falleció, por golpes que daba el mayoral y fue sepultado sin llorar ¡Ja!, una cruz de palo y nada más.”- Ahí nos invitó Rubén a todos, se la dedicó a Colombia, al Macondo de mariposas amarillas donde -“Se murió el indio Camilo por palos que daba el mayoral y donde el médico de turno dijo así: Muerte por causa natural… Claro si después de una tunda e´palo, que te mueras es normal!”-

Casi muerto, después de 48 horas sin dormir, estaba de regreso en un bus a Barcelona para llegar a trabajar. Recordé entonces las palabras de Rubén sobre el carácter y aquella última canción donde dijo: -“Maestra vida camara’a, te da, te quita, te quita y te da… yo te digo la verdad, te da y te quita, te quita y te da…”-

Dos años no son pocos.

128 entradas, 216 comentarios, 281 visitas mensuales y aquí estoy yo, que siempre he preferido lo cualitativo sobre lo cuantitativo. Que nunca le presté atención a una puta clase de estadística y que creo más en Wikipedia que en el DANE, aquí estoy yo, contando maricadas, mentiras, eufemismos, ilusiones, como si lo único importante no fuese contar la vida.

Ya lo he explicado antes, un blog es una estrategia para vengarte de quienes ya no quieren saber más de ti, de quienes te quieren olvidar pero no pueden ni podrán. Es un buen intento por no perder la perspectiva, rearmar el cubo de la vida para volverlo a desarmar cada día, por eso funciona aunque seas tú solo quien publique y tú solo quien lo visite.

Es raro, este rollo de papel higiénico se ha llenado de cosas raras: crónicas, titulares de periódicos, una vaina que no se define entre novela y cuento, una autobiografía, fotos, videos y muchos comentarios de mi mamá que es quién más lo visita.

Un blog sirve para lo que sirve un espejo, para recordarte que eres bello, pero sobre todo, que estás viejo. Y aquí estoy yo, ya me ves, dos años más viejo, dos años más bello, bailando el mismo porro, subiendo otro post.

¿Qué es lo que pasa en Colombia?

En los distintos sitios en los que he trabajado, en plena calle, en un taxi y hasta en alguna reunión de borrachos. Un argentino, una catalana, una italiana, una costarricense y hasta un venezolano me han hecho la misma pregunta y a todos les he contestado que es muy difícil responder, que es una historia muy larga. A todos se las he contado a medias y a todos mal contada.

¿Qué carajo es lo que pasa en Colombia? La distancia nos vuelve ajenos al latir de la calle. La cercanía nos quita perspectiva. No leer el periódico un día puede ser determinante, leerlo continuamente, enloquecedor.

Que implican a general del Ejército en masacre. 01:45 PM EDT 08/19/2008 RefreshQue un cable submarino traería energía de nuestro país al Caribe. Que Marbelle fue amante del hijo de su ex esposo. Que Ingrid apoya una segunda y hasta una tercera reelección. Que un tal Diego Salazar consigue una medalla olímpica. Que el 'escorpión' de René Higuita, fue elegida como la mejor jugada de la historia del fútbol. Que hubo 14 muertes violentas este fin de semana en el Atlántico. Que la para-política sigue gobernando en decenas de municipios del país y la justicia no llega. Que Cerro Matoso duplicará producción de níquel y montará planta térmica. Que el Príncipe Guillermo de Inglaterra participa en detención de presuntos narcotraficantes colombianos. Que Yidis Medina se empelota con la verdad. Qué las autoridades desactivan camión-bomba de las FARC y que el Cine Colombiano no pasa por un boom sino por un bombón bum.

Cómo responder algo si nadie sabe lo que pasa en Colombia y los titulares son tan desconcertantes como divertidos. Si cada día es el capítulo de una serie con drama, acción, suspenso, terror, humor y romance. –“¿Qué es lo que pasa en Colombia?”- me volvieron a preguntar esta noche y yo respondí sin dudarlo. En Colombia es mediodía y en el noticiero debe estar pasando de todo… pero lo más interesante seguro pasa fuera de él, en la cocina, donde Odila, una morena de mi edad que emigró de Ponedera a Barranquilla, debe estar fritando una mojarra, que yo extraño con furor.

Mediodía

Contracción, euforia, gemido y grito fulminante. Lágrima que corre por la cara sin permiso. El alarido retumba en la habitación, en toda la casa y en mi cabeza. Se acerca desnuda y temblorosa, sin poder cerrar las piernas, tambalea y se acuesta a mi lado. Exhala, toma fuerzas y me pregunta: -"Maldito perro infiel, ¿qué quieres que te prepare de comer?"-

En su cabeza

En su cabeza tenía incrustado el deseo, el sexo. Piernas, tetas y culos revoloteando todo el tiempo, chorreados de placer. En su cabeza el tenía avaricia, mucho dinero y ansias de poder. Viajes, lujos y drogas. El tenía sueños y cuentos, los cuadros de Dalí, las poesías de Bukowski y varias películas de Lynch. Un día cualquiera, todo se fue con ella a donde otro. Hoy, en su cabeza sólo está la furia de ella, la de sus caricias, la de sus lágrimas. En su cabeza hoy solo está ella, con sus sonrisas y sus mentiras, con sus caderas morenas y sus piernas entre las piernas de ese artista millonario y mentiroso, sin nada en la cabeza.

Los titulares de Hoy

-"Salvatore Mancuso logró preacuerdo con la Justicia de Estados Unidos."-

-"El 'escorpión' de René Higuita, elegido como la mejor jugada de la historia del fútbol"-

-"Aparece enterrado de cabeza directivo de una 'pirámide' de Popayán.-"

-"Actor que interpretó a 'Batman' fue liberado bajo fianza tras agredir a su mamá y a una hermana.-"

…y mañana por la mañana, más cuentachistes!

Julio 20


Cuando los amigos de uno están en la cárcel, uno tiene todo el derecho de darle la ciudadanía a cantantes extranjeros adorados por mujeres, hombres, gays y bisexuales de distintas edades para qué ellos digan cosas sensatas: "Estoy convencido de que si en algún momento su proyecto tiene argumentos sólidos, podría y debería ser traducido en palabras. En el juego de la democracia hace mucho tiempo ya que la violencia no justifica nada y mucho menos la debilidad de los violentos… Hace mucho tiempo que la violencia ha perdido todo sentido, todo poder y todo encanto de una fuerza revolucionaria. Sólo existe un solo camino futuro: la paz, dicha y escrita en mayúsculas y vivir en ella es un derecho que todos nos merecemos. Todos los ciudadanos tenemos que exigir a los que nos representan el derecho de vivir en paz a cambio de nada. " – Miguel Bosé.

Opinión Pública

La opinión pública es la tendencia o preferencia, real o estimulada, de una sociedad hacia hechos sociales que le reporten interés. Estos son solo un par de ciudadanos colombianos haciendo opinión pública sobre noticias publicadas en el diario "mas importante" del país el pasado 10 de Julio.

PRINCIPEVENCEDOR: -“Ya están montando toda la tramoya para el asesinato de Uribe y achacárselo a la turba comunista enardecida!! Chávez a la Corte Penal Internacional!! Darle refugio, armas y municiones a las FARC es asesinar colombianos!!”-

CARMEN: -“Parece que la luna llena afecta seriamente al PRINCIPEVENDEDOR de chorizos, hoy amaneció mas corrido que de costumbre...”-

PRINCIPEVENCEDOR: -“¿Qué pasa presidente? Si a usted no le importa que ese asesino lo insulte al pueblo colombiano si le importa, insultar al presidente es insultar a Colombia. Ojo! Ese terrorista lo quiere asesinar. Ya está montando la tramoya con el PCV! Financiar a las FARC es asesinar colombianos.”-

CARMEN: -“Alguien que por favor llame urgente a la clínica Monserrate para que recojan al PRINCIPEVENDEDOR de chorizos, que definitivamente se enloqueció.”-


Resistir

Quiero tener más tiempo que dinero, pa besarte, pa escucharte y pa que no te quieras ir. Quiero meter los pies entre la arena y soñar un horizonte, de techo la estratosfera y estas ganas de vivir. Quiero, compartir el próximo Febrero y aprender en cada día, un poquito más de ti. Quiero invitarte a más helados, escuchar la música a tu lado… y perdernos por ahí. Quiero, quererte como quieres y que me quieras como quiero pero entiendo, que el amor es un mierdero, el tiempo un gran agujero y la vida a veces simplemente, consiste en resistir.

Eres


De la samba la alegría, la rabia.
Madrid, Sevilla y Barranquilla.
Mi confianza, mi día y a día y mi fe.
Lo más bonito que en mi vida
existe hoy.

La alegría del Raval, la alegría del mundo

Artículo publicado en MundoHispano

Yoshi Hioki nació en Japón y ha leído muchas veces Azul casi transparente, novela célebre de su compatriota Ryu Murakami. Yoshi lo tiene todo preparado: este viernes 11 de Julio a las 22:00h en el Centre Cívic Drassanes, recorrá junto con una mexicana, una catalana y un marroquí, el mundo a través de los cuentos y la alegría de sus gentes.

Experta en fabricación de tortillas de patatas, abuela de todos, líder natural, siempre dispuesta con su sonrisa, Maite está por estos días, llena de trabajo. Durante toda la semana ha estado pintando un mural en el Casals d'Avis, al tiempo que ensaya para su presentación con la Cercavila de Bastoners, una muestra de la danza más antigua y vigente de la cultura catalana.

Hassif preparó 18 kebabs de ternera, 9 de pollo y 14 mixtos la pasada noche de Sant Joan. Facturó casi 300 euros, lo que se convirtió en su record personal desde que llegó a Barcelona. Hassif espera que el próximo sábado, también sea una noche formidable.

Constance está feliz, acaba de montar con su novio italiano, un bar en el que además de vender exclusivos licores y platos exóticos, se presentarán cortometrajes y pequeñas obras de teatro.

Martín es un caribeño que creció escuchando Guaguancó, Guaracha, Timba y Chachachá pero que el domingo pasado encantó a todos con su violonchelo, tocando junto a 15 músicos más, en una jam session que los asistentes a la Sala Antilla Latin Club, difícilmente olvidarán.

Yoshi, Maite, Hassif, Constance, Martín y muchos otros, no practican la misma religión pero si comparten las mismas calles, andenes y plazas, ubicadas en barrio El Raval de Barcelona.

Y es que, para los que aún no se han dado cuenta, este antiguo lugar de tránsito de marineros, donde la prostitución, los robos y las drogas a finales de los '70 hicieron de las suyas, es hoy un escenario pacífico, plural, multirracial y vertiginosamente creativo. Un lugar con restaurantes, bares, tiendas y los centros culturales más importantes de la ciudad, un sitio lleno de historias en cada esquina, un espacio donde los niños aún juegan a la pelota y los ancianos salen a tomar el sol. Pero sobre todo, un terreno donde todos pueden contar, compartir y soñar en distintos idiomas, con sus propias costumbres.

Esta revolución social, cultural y económica se inició en 1992 con las inversiones, especialmente en infraestructura, que demandó la ciudad para la realización de las olimpiadas y que se consolidó gracias al esfuerzo de las siguientes administraciones, de algunas empresas y el inquebrantable empeño de colectivos y asociaciones culturales que desde las entrañas del barrio creyeron que el cambio era posible. Así, el antiguo Barrio Chino se convirtió en un punto de visita para turistas de todo el mundo y un ejemplar laboratorio de paz y convivencia ciudadana.

Una de estas asociaciones culturales se llama La Trifulca, y fue la que, en 2001, dio vida a La Alegría del Barrio, un proyecto que desde sus inicios ha creído en la música, la celebración, el diálogo y la creación colectiva como herramientas de cohesión social para lograr el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas.

Así, la Alegría del Barrio se ha convertido en el sueño de más y más gente que cree en el arte como instrumento de cambio pero sobre todo, en el sueño materializado de Yoshi, Maite, Hassif, Constance, Martín y 20.000 personas más que en los últimos años durante al menos 8 horas seguidas, han colmado la Rambla del Raval para disfrutar de la vida con alegría, bailando músicas de los 5 continentes, reencontrándose en los contrastes de sus sonidos y en las caras de los vecinos, sus semejantes.

De este modo, hoy por hoy, La Alegría del Barrio se ha consolidado como un proyecto valiente, que apuesta por proyectar una visión positiva del barrio, del fenómeno de la inmigración y de la diversidad cultural. Un proyecto dinámico que se enriquece de su propio proceso, que se reinventa y que construye proyectos comunes para disolver prejuicios, traspasar fronteras y fomentar el respeto entre las personas. Es decir, un proyecto que es reflejo de la evolución misma del barrio y la gente que lo vive.

Como resultado de estos avances, La Alegría del Barrio en 2008 se ha convertido en algo más que un concierto intercultural y ha logrado abrir diversos e interesantes espacios que a la larga apuestan por lo mismo, la cohesión social a partir de la creación colectiva, justo en un año declarado como el del diálogo intercultural por el parlamento europeo y en el que paradójicamente se aprueba la dura ley de expulsión de indocumentados, mejor conocida en Latinoamérica como La ley de la vergüenza.

De este modo, “Los monólogos y los cuentos de la alegría”, el lanzamiento del portal www.ravalcultural.com, el espacio de diálogo “Crea y transforma” así como los encuentros de Raval All Stars, son algunas de las nuevas apuestas de La trifulca para hacer de La Alegría del Barrio, un evento maduro y con proyección.

Sin embargo, crecer poco tiene que ver con perder la esencia y es esto lo que pretenden Irene Bosch y Marcelo Rosero, cabezas visibles de La Alegría del Barrio, seguir trabajando con y por la alegría con que nació y gracias a la cual ha sido reconocida la iniciativa. Una alegría que es más que una reacción que se da ante un episodio gratificante y que más bien tiene que ver con una tendencia vital, que se da cuando se aprende a valorar y a dirigir la percepción de manera estable hacia los aspectos positivos de la vida. Es decir, una alegría verdadera y perdurable, un estado de ánimo que posibilita la creación, la evolución, el aprendizaje y la integración. Un sentimiento de pertenencia, de solidaridad y tolerancia que permite el goce y la convivencia, un feeling que hace posible la paz a partir de una identidad construida de manera colectiva.

Esto es y quiere entregar La alegría del barrio, una alegría verdadera, una emoción que supere el barrio, un sentimiento de pertenencia planetaria, de plenitud y de demoledora fuerza vital.

Guayabas en el Mediterraneo

Camino queriendo perderme entre sus calles, sus sonrisas y sus penas. Tomo un bus con destino a lo incierto. Llego. Me siento a leer el proyecto y me enfrento al pánico terrible. Sueño con que el mundo entienda que el arte salva, pero me entierro contra mi propio fracaso. Junto a mí, un cocodrilo de al menos 5 metros posa silencioso para la foto. Frente a mí, tres niños y una niña bombardean la playa con dinamita. En el cielo, un avión se acerca al otro y me siento solo. De pronto, la rubia me apunta la cara con un par de hermosas tetas desnudas como conos de helado.

Alguien vende guayabas y el cocodrilo parece moverse, la rubia pasa muy cerca y sus pezones destilan el aroma del ron con pasas. Todo pasa y yo vuelvo a mi lectura, mientras mi cabeza atraviesa las historias.

Entonces, una vez más, me siento triste y defraudado pero ellos me salvan. Cuatro columnas de sillas los sostienen, su inocencia los fotalece, las dinamitas no los queman ni condenan, el sonido de la pólvora los vuelve grandes, valientes. No tienen miedo a quemarse, aún no les preocupa que lugar ocupar, solo juegan sobre las sillas para desde ahí, ver más grande el océano... y más lejano el horizonte.


Cada día

Esta mañana leí EL ESPECTADOR antes de salir. EL TIEMPO se ha vuelto insoportable. En EL ESPECTADOR solo vi el primer titular: -“Los presidentes deberían tener poder sin límites. Eso piensa el 42,5% de los colombianos.”- Pensé en Chávez, Fidel, Stalin, Hitler y Bush. Me dio dolor de cabeza y entendí que los insoportables son, por lo menos el 42.5% de los colombianos.

Al regresar a casa, 13 horas después, con 10 de trabajo a cuestas, puse la maleta sobre la mesa, saqué mi portátil (que no tiene mucha información valiosa) y el portacomidas vacío. Realmente agotado, sentí como si acabara de llegar de la guerra. Puse entonces Paracol Internacional y ratifiqué asqueado, que la guerra, cada día, está por comenzar.

Mañana de lluvia..

-“Quiero metértela y sacártela sin tener hijos, esa idea me aterra tanto que me da miedo tanto miedo. Quiero pensar más en ti que en mí para volver a enamorarme corriendo el riesgo. Quiero reconocerte y disfrutar de la conversación (antes y después del polvo) Quiero no pensar solo en el polvo y también quiero desear sin miedo, con las vísceras, con la verga. Quiero disfrutar de lo recóndito del sexo en búsqueda de tu orgasmo, quiero dar para darme. Quiero venirme en tu boca y entregarte el corazón. Quiero, al menos esta mañana lluviosa, que me acaricies con las tripas, con el clítoris, con el alma y que nuevamente, hagamos el amor.”-

La sucursal del Caribe.*

*Crónica publicada en www.tribunalatina.com y www.mundohispano.info

Parece mentira pero ya han pasado 40 años desde que en Nueva York se formara ese grupo mítico que cambió la historia musical de los barrios latinoamericanos para siempre. Parece mentira pero ya han pasado 8 años desde que Marcelo y Santiago se encontraron aquel domingo en El Raval para hacer lo que más les gusta: tocar y cantar llenos de melancolía, la música del barrio. No me refiero por supuesto, al barrio barcelonés ni al neoyorkino, si no al de toda la vida. Aquel barrio latinoamericano como tantos otros, donde el hambre y la alegría juegan fútbol en la calle y aprenden a bailar desde temprana edad.

El domingo siguiente cada uno llevó a un amigo y casi instantáneamente, llenos de melancolía, descubrieron el sentimiento que los unía desde las entrañas. Ninguno de los presentes había vivido las protestas por la guerra de Vietnam ni la crisis de los misiles. Ninguno había hecho parte del movimiento hippie y a decir verdad, tampoco habían crecido en los suburbios de una gran ciudad. Ellos nacieron en los 80´s y en la adolescencia gozaban con el rock, el hip hop, el rap, el funk, el jazz y hasta el techno, pero todos tenían algo en común. Compartían en sus recuerdos las voces intactas de Héctor Lavoe, Rubén Blades y Celia Cruz acompañadas por el trombón de Willy Colón y el piano de Richy Ray. Así, disfrutando de la Fania All Star, fue como el domingo se hizo costumbre, la costumbre se hizo fiesta, la fiesta se hizo proyecto y el proyecto realidad.

Hoy, en una de las discotecas más importantes de la ciudad, el tipo de camisa roja, 1.80 de alto, piel blanca como la nieve y los ojos del color del aguacate mira para un lado y para el otro, para el frente y para atrás, no logra entender nada, aunque lo disfruta. Yo me pregunto entonces si habrá perdido algo, o todo. Tal vez perdió el tiempo, el rumbo, su mujer, sus recuerdos, tal vez dinero, tal vez sus barras con sus estrellas, o tal vez, simplemente está perdido, porque nació allí, así, sin ritmo. La chica fea a la que normalmente nadie mira se ha robado el show. La chica guapa a la que normalmente todo el mundo mira ahora pasa inadvertida. Los más jóvenes, los más viejos, los de aquí, los de allá, los que nacieron frente al mar y los que no. El inmigrante y el empresario, el desempleado y el jubilado. Los homosexuales, los negros y los más blancos. Todos intentan aprender mientras remedan a los coreógrafos, tres dominicanos que nunca imaginaron venir a Barcelona para ganarse la vida bailando salsa.


Le pregunto a Marcelo si puedo empezar a tomar fotos, él me responde que puedo hacer lo que quiera, que me sienta como en casa. Atraviesa el grupo de aprendices bailarines sin preocuparse demasiado. Saluda a uno y a otro, no se siente protagonista ni siquiera de esta crónica, me pide prestado el bolígrafo y anota los cinco nombres que le faltaban en un papel arrugado que saca del bolsillo de la chaqueta. Se lo entrega al guardia de la entrada. -“Mis invitados”- le dice mientras le toca el hombro.

Quisiera sentirme en casa. La chica que atiende en la barra es una mulata despampanante, del techo cuelgan hombrecitos morenos con bultos de plátano en sus espaldas y el DJ ha puesto Tania, una de mis preferidas del Joe Arroyo. Sin embargo, algo tiene mi casa que no tiene este lugar. Allá las maracas suenan distinto, acompañadas por cigarras, ranas o pericos. En el Caribe, no hay bailarines que monten coreografías sino rumberos que bailan pa’ dentro, y sudan mas.

Marcelo abraza a Santiago como si no lo hubiese visto hacía meses. Ayuda a probar el sonido y nota lo evidente. Todos están cansados pero felices pensando en lo mismo. El disco que están grabando hace más de 15 días durante 12 horas diarias, los tiene emocionados. Por eso el concierto de esta noche es especial. Darán a conocer la noticia: el primer disco de La Sucursal.

*

Tal vez en otra ciudad no habría pasado lo mismo pero Barcelona es definitivamente escenario de un intenso encuentro multicultural, artístico y cotidiano. Tal vez por eso La Sucursal SA se hizo posible. Una orquesta que se tomó el trabajo de investigar en las raíces del género salsero y de montar un extenso repertorio de clásicos, para luego asumir el reto de crear su propia música. La Sucursal SA. hoy son cuatro colombianos, dos españoles, una chilena, dos venezolanos, un norteamericano y hasta una inglesa dando lo mejor de sí en las tarimas, para que los que se encuentran en la pista aprendan a moverse con ritmo, o simplemente, se reencuentren con lo suyo. Mirándoles la cara de felicidad, me pregunto por los otros, los que han quedado del otro lado del charco con su música, su talento y sus sueños, buscando una oportunidad.

¿Qué hace una doctora en Filosofía Ecológica de la universidad de Londres afinando esas trompetas? ¿Qué hace un español golpeando el bongó y las campanas? ¿Qué hace un gringo probando ese trombón?

Intento encontrar la respuesta en sus ojos mientras preparan los instrumentos, pero tal vez la respuesta esté escondida entre las calles laberínticas del corazón de Barcelona. Entonces miro la discoteca, el grupo de novatos ha abandonado las clases, ya no son 20 sino más de 100 personas las que llenan el recinto y supongo que tal vez las respuestas estén ahí, en la sonrisa de cada uno de ellos.

El camerino es demasiado pequeño para 12 músicos y yo en la mitad. Santiago me explica que La Sucursal para él, es “un sentimiento profundo de sabor, amistad y melancolía”. Fernando, un argentino que no sabe bailar Tango pero toca los teclados de esta orquesta, me explica que “La Sucursal SA es como una gran ensalada, un reflejo de esta ciudad y es sobre todo, su proyecto personal”. Además de poco espacio, hay poco tiempo para entrevistas, así que el ritual empieza: ruedan las sillas y sueltan los instrumentos para poder abrazarse. Entre todos, con sus pies, sus voces, y sus manos, hacen una especie de comunión energética, como si tratara de un equipo de fútbol que sale a ganar el partido.

*

La música empieza y yo estoy muy cerca de ellos, siento temor de que los flashes de mi cámara los desconcentren pero pasa lo presumible, lo inevitable, lo normal. Soy yo quien no me concentro, la música se mete por mis poros y se me pega a los huesos para recordarme de qué estoy hecho. Me pierdo en el recuerdo de esa patria violenta, indignante y extremadamente alegre donde también crecí bailando.

Viendo sus caras durante el concierto, comprendo sin necesidad de largas entrevistas, ¿Qué es La Sucursal SA?


Se trata pues, de un reflejo de esa manera intensa, emotiva y festiva en la que el pueblo latinoamericano logra revelarse contra sus dramas para defender con orgullo lo que son, o mejor, lo que somos: una sociedad diversa y maltratada. Una mezcolanza de músicas africanas, indígenas y europeas. Multiculturalidad, mucho tiempo antes que el término existiese.

No se ha terminado la segunda canción y a mi empieza a darme igual si esta crónica es publicada o no. Mis pies se mueven impulsados por la fuerza del timbal y el recuerdo de las esquinas, los bordillos y los callejones de mi barrio. Me olvido entonces de las fotos, de la maleta y de los apuntes para concentrarme en el placer de estar vivo.


Lo que pasó de ahí en adelante no es fácil de explicar. Es felicidad, pero también añoranza, nostalgia, evocaciones y soledad. La Sucursal SA es la sucursal de lo que somos, de lo que hemos sido y lo que seremos. Se trata de un punto de encuentro y un digno representante del Caribe en Europa.

Frente a mí una pareja de catalanes bailan al ritmo que disfrutan, los profesores dominicanos dan vueltas como trompos y por ahí, por cualquier parte, pasa el tipo de los 1,80 de alto, la camisa roja y los ojos del color del aguacate gozando como un demente. Entonces sospecho que podría ser yo el perdido, bailando solo, con mi cámara colgada en el cuello y mis pensamientos en la demoledora cintura de la mujer que amo, mientras este gringo definitivamente, ha encontrado su lugar.

El llavero de Dalí.

Pensé que pasaría algo más, que sentiría algo más o algo menos. Pensé que sentiría, pero lo único que se produjo fue este vacío que aún me embriaga. Cuando pasó lo que pasó no vi color alguno, ni túnel, ni arcoíris. Simplemente un triste tono negro mate, sin brillo, sin luz, sin nada.

Horas más tarde, lo único que percibía era el sonido absurdo de sus voces hablando de Ronaldinho. Hablaban de la última derrota, del último fracaso. Uno de ellos explicaba que la solución era sacar a todos los viejos y solo jugar con los jóvenes: Bojan, Messi y Giovanni. Sus acentos no eran claros, aunque sí muy familiares, tal vez colombianos, tal vez venezolanos, tal vez cubanos. En todo caso no me extrañaba que los latinoamericanos se dedicaran a este tipo de trabajos.
Uno de los dos, el más gordo, se retiró por un momento mientras el otro me tocaba la frente con su mano cubierta en látex, lo hacía con cierto gesto de ternura que me fastidiaba. Yo estaba desconcertado, por un momento intuí que le importaba a alguien, que había una primera persona que se preocupa por mi estado, pero al poco tiempo mi suposición se desvaneció. El gordo regresó a la escena con un pocillo de café hirviendo que puso sobre mi pecho.

De vivo, uno jamás se imagina una situación similar, sin embargo a mi me embargaba una paz y un alivio enorme, el mismo que sentí algunas horas -o días atrás- cuando dejé caer mis muñecas ensangrentadas en la bañera. En aquel momento, cuando el agua se enrojeció completamente, empezaron a desaparecer por fin, las dos imágenes que tanto me habían perturbado desde mi llegada a España. Primero: la de mi madre cansada de limpiar los baños culeados, cagados, vomitados y meados por primermundistas que visitaban aquel hostal y segundo: la imagen nítida de mi novia, del otro lado del atlántico, chupándosela a aquel imbécil.

El tipo menos gordo continuaba con su estúpido gesto de ternura mientras bostezaba como un bebé. Acto seguido, enterró el bisturí y realizó un perfecto corte desde la tráquea hasta el abdomen. Con sus manos cubiertas por guantes comenzó a tocar y a sacar mis vísceras. Lo primero que extrajo fueron los pulmones, luego el corazón y los intestinos. Cada uno de los órganos los fue depositando en una bolsa negra que estaba en medio de mis piernas. Entonces el gordo entró en acción y con toda su fuerza pero con mucho cuidado retiró mi hígado y mi bazo. Al parecer, yo quedé más flaco que nunca. La yugular fue el canal que le sirvió para aplicarme la formalina en el cerebro y en la cara. Luego puso algodón en la nariz y en la boca. Con unas toallas ya usadas secó la sangre que había quedado dentro de mi cuerpo, esparció más formalina y me rellenó con otros trapos viejos para luego coserme.

Posiblemente, si hubiese sabido que me iba a ver tan feo, lo hubiese pensado una vez más, pero la conclusión seguramente habría sido la misma, la decisión ya había esperado demasiado. Por un instante quise pensar que el alma me volvía al cuerpo cuando me maquillaron, me peinaron y me pusieron ese elegante traje que de vivo nunca pude comprar, pero no fue así, el alma no volvió, nada volvió.

Ya en el ataúd, sentí tristeza por primera vez imaginando mi entierro o mi cremación entre tanta soledad. De pronto, sin entender cómo ni por qué, me encontraba en Los Jardines del Recuerdo, aquel cementerio por donde tantas veces pasé en el transporte escolar. La luz nítida y caliente de las mañanas del Caribe colombiano alumbraban las caras de los presentes. Ahí estaban todos y todas. Tíos, tías, abuelas, abuelos, primos, amigos del colegio, amigos del barrio y hasta mi hermano, con quien dejé de hablarme desde hacía dos años.

Ante la mirada incrédula y llorosa de la mayoría, mi padre traía consigo su promesa: un grupo de músicos locales vestidos de negro que al son de los tambores, me despedían cantando. No sé cómo pero ahí estaba también, la mujer me mas me amó, llevaba peor cara que cuando regresaba del trabajo en el hostal. Al parecer había sacrificado la posibilidad de la residencia española con tal de darme santa sepultura junto a los míos.

Finalmente, ahí estaba ella, sin él, temblando de miedo, con su piel morena, sus gafas oscuras, su cintura perfecta y el llavero de Dalí… que yo le había mandado.