Eran dos abuelos gemelos nacidos en San Petesbusrgo. Tenían la cara arrugada como una uva pasa.
Llevaban en su rostro, el cansancio de los años, la alegría de haberlo aguantado todo.
Se asomaban por la ventana y me miraban con esos ojos verdes incandescentes.
No hablaban, no suspiraban, parecía que tampoco respiraban, solo miraban como si lo supieran todo.
Una mirada terrorífica y perversa, fría, como inhumana.
Era una parranda de locos desenfrenados. Acalorados, maravillados.
Era una comparsa de borrachos felices, bajo un sol delirante.
Eran ellas, ellos, eran todos y todas confundidos y confundidas unos con unas y otros con otras.
Y en el medio Batman, como en los 80's, con un traje cutre y pegado a su cuerpo sin musculatura.
Todos bailaban al son de la champeta menos él, en ciudad gótica se había escuchado toda la vida otro tipo de música. De todos modos entre todos y todas, por adelante y por detrás, lo intentaron apercollar.
Era una pareja humilde con 5 hijos, una suegra y dos cuñadas que alimentar.
Se habían casado hacía 3 meses para conseguir un subsidio estatal.
En las 6 camas que tenían, -si se le puede llamar cama a viejas colchonetas armadas de espuma y trapos encontrados en las calles- no cabía la familia completa. Por eso unos vivían de día y otros de noche, y tambien por eso los animales descansaban poco y se mantenían con hambre.
Durante aquel amanecer, los pájaros no cantaron, -supongo yo que salieron volando al anochecer, pero ¿qué se yo, cuándo se han visto pájaros negros, volar al anochecer?- El caso es que el cielo estaba despejado cuando desde la ventana los dos viejos vieron como a lo lejos algunas palmeras africanas empezaron a caer y un extrañísimo ruido empezó a abarcarlo todo.
Una mujer con flores en el pelo intentó despertar a la comparsa de borrachos que yacía en el suelo, pero ni siquiera Batman fue capaz de reaccionar.
Todo ocurrió muy rápido. En un abrir y cerrar de ojos.
De repente el agua entraba por las orejas, la boca y la nariz. Los cuerpos flotaban, los objetos tambien.
Para fortuna de algunos, el león sabía como protegerse y abrumado por la situación empezó a atacar y morder. No sabía nadar, pero seguía siendo el Rey de la selva, así que acabó con los que pudo. Niños y niñas desaparecieron de un bocado. Batman, no se pudo salvar ni a si mismo, mientras yo, que daba en ese momento la vida por saber como terminaba la historia, tuve que despertar, para ir a la universidad.
Co(n)razón.
Porque eres alma, vida y cuerpo. Corazón.
Porque estás loca e histérica.
Porque estás viva, muy viva.
Por como cantas, bailas y haces el amor.
Te amo porque eres libre,
te amo porque me gustas,
me gustas porque te amo,
te amo en fin, porque te perteneces,
porque eres tuya.
Porque estás loca e histérica.
Porque estás viva, muy viva.
Por como cantas, bailas y haces el amor.
Te amo porque eres libre,
te amo porque me gustas,
me gustas porque te amo,
te amo en fin, porque te perteneces,
porque eres tuya.
Por mi que salten.
Que salten alto, que brinquen, que vuelen como gaviotas, que
crucen vallas y mallas, alambres, cuchillas. Que salgan de la pobreza y la
miseria inoculada de modo sistemático.
Que salten en honor a los 15 que fueron masacrados o simplemente
asesinados o simplemente persuadidos, pero que murieron, ahogados, baleados por el estado español, baleados soñando,
desarmados, dejando familias pobres atrás, afuera, en tierra firme.
Que salten en honor a todos los que lo han intentado antes, en honor a los 300 que murieron en aguas italianas hace meses. Que salten todos, aquí cabemos todos,
nos va a tocar apañarnos, agrupar nuestros egos, apegarnos a menos.
Que salten por todos los que mueren cada noche intentándolo,
los que lo han logrado para nada, los que se han quedado con las ganas.
Que salten por todos los que en Latinoamérica, después de
524 años de invasiones siguen haciendo interminables filas para conseguir un
visado de turista para conocer la Sagrada Familia. Que salten por nosotros, los
que no podemos salir más de 6 meses de este país.
Que salten por los miles de jóvenes que cada día salen por
las fronteras convencionales, en sus aviones y con sus pasaportes tan bonitos,
sus teléfonos móviles con Skype, a lavar
platos y retretes, a limpiar calles y a construir casas, en países aún
más fríos que este.
Por mi, que salten 20.000, 30.000, que salten 90.000 y que
llenen el Camp Nou de música, que siempre he pensado que en ese estadio sobran
euros y faltan tambores.
Que salten por los esclavos, por los de ayer y los de hoy,
los que no pudieron saltan mientras los europeos los llevaban de un continente
a otro. Que se suelten las cadenas y que salten, que salten por los políticos
que se esconden tras estas cortinas de humo. Que salten por los chinos y rusos
que especulan con burbujas inmobiliarias auspiciados por locales, que salten por ellos, que salten por todas ellas,
las mujeres violadas en las guerras con armas rusas, mientras sacan diamantes y oro, para las bodas de
aquí, cobalto para este Mac Book desde el que escribo.
Que salten hoy y el Dios de verdad los cuide, que sigan
saltando, a ver si algún día, con ese salto no solo crean puentes si no caminos, donde como humanidad
podamos encontrarnos y andar juntos...
Que salten al menos, a ver si así salta tanta hipocresía y
volamos todos por los aires.
Donde te encontré
En al ciudad de la fiesta. En la ciudad de la vida.
En donde nacieron las ganas y la confianza, en donde la
sonrisa natural se hizo grande y fuerte, donde los miedos fluyen.
Justamente ahí donde no hay espacio para más, donde no se puede
retener, donde se debe perdonar, donde renace la fe.
Junto a mis manos, entre mi alma, bajo mi lengua.
En donde el sol pega de frente, bajo el agua helada. Donde
la piel se acuesta, donde la miel acampa. Justo ahí, entre las rocas de una
historia jovencita. En el futuro de los incrédulos.
En la torre de los malcriados, en el despacho de la vista
amplia, en el restaurante de las celebraciones, en las canciones de nuestros
abuelos, en los bailes de los corazones. En nuestros caminitos.
Ahí, donde el clima es perfecto, donde amanecen las
sonrisas.
Así, con los ojos cerrados, como cuchara, sobre mi pecho.
Ahí, de donde te puedes levantar cada día a cualquier hora.
Ahí, así, sin más, en mi, quiero que te quedes.
Apuntes de media tarde
Depende
de la letra con la que uno elija escribir, el cuento irá tomando cuerpo, o no.
La
pecueca es un olor particular, cuando lo sientes, te avergüenzas de ti mismo, y
de toda la humanidad.
Hay carreteras
que no se acaban, uno las mira y las mira y ellas continúan como hacia el
infinito.
Él creció
con todos los olores. Todos los olores se confundían en uno solo, el olor a
barrio.
Las
historias pueden ser buenas, regulares o malas. Si las buenas no las lee nadie,
imagine usted lectora, quién puede leer las demás.
Uno
podría pensar, por un instante, que en un sitio como este toda la humanidad
está reunida.
Hay
viajes que parecen el final pero son el principio. Viajes que lo empujan a uno
y en los que uno empuja todo.
En
aquella cancha de fútbol el olor a pecueca era el menos importante. Esa gente,
con tanto calor, no tenía posibilidades de percibirlo.
Siempre
he soñado con usted, usted lo sabe y yo también. Usted existe porque yo creo en
usted, algún día usted y yo nos encontraremos y le va a tocar alquilar balcón
para leer todo lo que ha pasado y se ha perdido.
Las
negras que se sienten orgullosas de ser negras tienen una sonrisa más amplia
que resto de la humanidad. La gente con pecueca es tan sosa, que ni siquiera se
da cuenta de su particularidad.
Los
viajes pierden gracia cuando ya no hay posibilidades de perderse en ellos. La
principal función de la tecnología es destruir.
Le tocó
ser futbolista porque era la única manera de ser alguien.
Algún día
tomaré el rumbo y usted, cuando lo revise todo, se dará cuenta exactamente en
que fecha fue.
He
conocido a una mujer afgana y a una iraquí hace un momento. No he despajado
ninguna de mis dudas.
A veces,
la vida de las personas es tan miserable que en ellas no hay tiempo para
viajar.
Donde
todos veían un hueco, el veía un espacio. Donde nadie veía nada, el encontraba
una oportunidad.
Entenderá
entonces que fue en ese momento cuando dejé la huevonada, la pensadera, el
miedo al fracaso y me lancé al agua helada.
¿Quién le
ha dicho a estas mujeres que se ven simpáticas en pijama en la biblioteca de la
universidad?
Viajar
con ella siempre fue un placer, esta vez, las lágrimas se derramaron durante
muchas horas. Llorar es de las cosas más placenteras que existen.
Hay
jugadores que solo saben correr. Hay personas que solo saben bailar. Los
hombres del barrio le enseñaron la paciencia y las mujeres, el movimiento de
caderas.
A partir
de ese momento, que no será este, maldecirá las veces que me arrepentí, que no
seguí, soñará con todo aquello que no conoció.
Todos los
tonos de piel, todas las ideas egoístas, todas las opciones, todas las posibilidades
aquí reunidas, supuestamente estudiando.
Cuando
llega, uno pone la canción del Gran Combo y se siente como un moco. Aún más
pequeño, más insignificante. Entiende que hubo una ciudad que uno nunca
conocerá. La ciudad donde se juntaron todos, donde empezó la vaina, donde la
gente más talentosa del mundo una vez se reunió para ser feliz y transformar el planeta con música.
Tal vez
por eso nunca tuvo prisa, ni la tiene ahora. El pescado nunca faltó en su mesa,
ni las mujeres en su cama.
Lamento
decirle entonces que esto no es más que un ejercicio. Que tendrá que seguir
leyendo o esperando, que la vida se escribe en presente y que hoy, solo
necesitaba respirar.
Tener
pecueca no es el problema. Sacarla a pasear por la biblioteca, sí.
No conocimos
esa ciudad y esta es demasiado grande para pertenecer a alguien.
Muchos
años después, frente a 50 mil espectadores y varios millones de desdichados
televidentes. Contra el campeón del mundo, aceleró el paso, encontró el espacio
y metió el balón.
Ya
respiré, sabes que si escribo una palabra más, la cago.
Ver un
partido definitivo en una biblioteca no es el problema, el problema es el
silencio.
Hay
viajes que te llevan a ninguna parte, pero te regresan a donde lo puedes todo.
La bola
de trapo le enseñó lo fundamental. El resto, siempre fue el resto.
Ni una
más.
Nadie la
pisará como el maestro, que duro debe ser para él ver esto y hablar bien.
Ir con la
bola interna a otro lado. Por todos los caminos, que todos llevan a alguna parte.
Volver, un año después.
No quiero, puedo, siento.
No quiero puedo siento decir que pienso y muero si no estás.
Yo que te construyo, te comparto, yo que aprendo tanto mientras tanto.
Yo tan libre, tan poeta, tan sombrío.
Yo tan tuyo y tu amor tan mío.
Y sin embargo cada noche, cada día en silencio y alegría…
Hay un instante, un suspiro, un atardecer, en el que todo lo mío quiere volver.
Volver por un momento, a dormirse entre tus brazos… rejuvenecer.
Volver, volver a casa, a tu comida, a las prisas, a tus piernas, a nuestros días.
Tu mi música y cintura, yo tus ojos, tu ternura, tu sonrisa, nuestra temperatura.
Tu eres aire, tu eres risa y por eso cada día, por minutos, yo quiero volver.
A nuestra casa otra vez.
Desde el Sur.
Desde el norte el sur es un espejismo, aparentemente fácil de juzgar, de interpretar, de desafiar, de deconstruir.
Desde el sur, el sur no se
puede ver tan claro muchas veces. Vallenato tras Vallenato se acaba la
perspectiva. En el sur la vida puede durar lo que dura cualquier verso. -“Suave que me estás matando que estás
acabando con mi amor”-
En el sur la gente necesita
menos de las cosas que podría llegar a tener. El sur es más pobre
materialmente, porque los dueños de todo no bajan los precios. Los dueños de
todo no reparten nada, solamente cobran. Los dueños de todo, son también dueños
del sur y a veces viven en el norte del sur.
En el sur, las sonrisas son
anchas y los problemas muy cortos. En el sur hay un Santo para cada espanto y
una borrachera para cada milagro.
En el sur la gente da los
buenos días y las buenas noches, agradece cada gesto y siempre está a la orden.
En el sur la gente se ayuda por ayudarse y se jode por joderse. En el sur la
gente tiene aspiraciones, ilusiones, está todo por construir. El sur es joven y
huele a eucalipto, a amor de verano, a plátano pícaro y a mamón. En el sur los
jugos vienen con fruta y la gente con ternura.
En el sur cada noche, en
alguna callejuela, la vida vale tan poco, que se quita por nada. Por un
teléfono celular, por una confusión, por una celebración, por una agarrada de
culo o por un gol. En el sur, cada noche, en cualquier casa, la vida vale tanto
que baila sola, emerge con fuerza y sale a la terraza en forma de dominó, con
carcajadas feroces, con un nuevo nacimiento, con abrazos reales, con triple
saltos mortales, con poesías sutiles, con humildes poemas.
En el sur los pesadores no
tienen motores, ni neveras, ni afanes. Los colegios, en cambio, tienen muchos
más niños que sillas, los gobiernos más proyectos que presupuestos y menos
proyectos que ladrones. Las empresas tienen más puestos que salarios, la gente
tiene más presente que futuro, más hoy que mañana y tal vez por eso, solo por
eso, tienen más alegrías que problemas, más emprendimientos que crisis, más
Dioses que fantasmas, más canciones que datos estadísticos. Digo yo, que tal
vez por eso, tienen un presente siempre hermoso, claro, transparente y
deseable, parecido al firmamento.
Escrito desde el sur del departamento del atlántico,
al norte de Suramérica.
Sin sabor
Este sin sabor entre sueño y fuego, entre viento y miedo.
Este sin sabor sutil y cotidiano, donde juntos de la mano, luchamos por seguir.
Este sin sabor que es tu locura, que desespera entre las brumas, cuando somos más que dos.
Este sin sabor que no es costumbre, que es pecado y que es perfume, que es delirio y es canción.
Este sin sabor con el que escribo, me consume en pensamientos, cuando acabas de partir.
Y partes cada noche en un momento, pa' reinventar el sentimiento del que puedo construir... una noche, una habitación y un camino, de sin sabores descubiertos y sabores por descubrir.
Este sin sabor sutil y cotidiano, donde juntos de la mano, luchamos por seguir.
Este sin sabor que es tu locura, que desespera entre las brumas, cuando somos más que dos.
Este sin sabor que no es costumbre, que es pecado y que es perfume, que es delirio y es canción.
Este sin sabor con el que escribo, me consume en pensamientos, cuando acabas de partir.
Y partes cada noche en un momento, pa' reinventar el sentimiento del que puedo construir... una noche, una habitación y un camino, de sin sabores descubiertos y sabores por descubrir.
Dos casas
El sol rostizaba como de costumbre todo el
apartamento. El tercer cuarto, fue un sitio mágico con un par de
sofás de cuero donde un disco de acetatos narró las peleas de El Flecha
y la Niña Tulia. En aquel mismo lugar, que se convertiría años después en la
habitación de los primeros amores, el hijo de otra niña Tulia, me sentó en sus
piernas y sin despelucarse me dijo: “Hijo, te tengo una buena
noticia: a partir de la próxima semana tendrás dos casas”. Yo no dije nada y el
le subió el volumen a un disco de otra niña que también podría ser su madre, la
niña Emilia.
Al terminar la universidad me fui de la casa de mamá. Vivir
en la casa de papá ha sido entender que la familia es un concepto amplio como
el océano. Nunca pude olvidarlo. Hace tanto tiempo tengo dos casas. La que
construyo cada día la he compartido con varios. La de la independencia y la
libertad está siempre abierta, a ella se llega a cualquier hora pues nadie te espera. Eso me gusta y me asusta. Es la casa de los poetas que
comienzan empresas cada noche, la de las musas que se cuelan por la ventana
bajo la luna llena. La casa de papá, la de la condonería y la piscina. La de los inviernos y la
ruleta rusa.
Volver nunca dejó de ser volver. La casa de mamá pelea y se
ríe de sus tradiciones machistas y su alegría sincera. Con toda su hipocresía y
sus leyes estrictas. Es pasado y es futuro, pero sobre todo es amor infinito
como el de ella, una brisa decembrina, un estadio amarillo, fuerza, alegría,
esperanza y un largo carnaval. La casa de mamá se vuelve loca en esos 4 días.
Se desordena, se desorbita y se vuelve a organizar. La casa de mamá se le sale
a uno del pecho, lo pone a llorar, mientras te cuida de los arroyos bajo el
despejado azul del cielo.
La casa de papá tiene callejones donde el deseo se
impone como un rayo de luz esquisofrénico. La casa de mamá es el soponcio después
del almuerzo. El hijo menor de la niña Tulia tenía razón. Me enseñó que cada
día podía tener dos casas, para combinarlas y volver cada vez
que lo necesitara, por eso esta noche, como cada noche, he vuelto. Ahora aquí, en la
casa de papá, a más de 10 mil kilómetros de la de mamá, la niña Emilia me canta que ese man, no se amarraba el calzón.
Subscribe to:
Posts (Atom)




