Fíjate Bien

-Capitán, ya estamos, el muñequito está en el lugar indicado- Le dice el soldado desde el radioteléfono. -Perfecto- le responde el Capitán -ponle las botas, ensúcialas de barro primero, pa que parezca que el man venía del monte y cuando estés listo puedes venir por lo tuyo-.

Juan Esteban Aristizabal es un cantante bastante regular que después de tocar en muchos bares de una de las ciudades más peligrosas del mundo, entre hijueputazos, botellas de aguardiente y tetas de silicona, entendió que lo suyo era el POP y las baladas románticas.

Martina está a cinco puestos y las manos le empiezan a temblar. Revisa todos los documentos nuevamente, se le cae el pasaporte y se pone aún más nerviosa. Piensa en su marido sin piernas, traga profundo y recoge las cosas del suelo, intentando recargar las fuerzas.

El cielo se pone naranja, es un naranja especial, único, veteado de púrpura, rojo y azul. Son las 5 de la tarde y las caras de los muchachos están sonrientes, el día es especial, el dolor de sus piernas muertas ha disminuido, conocerán a su ídolo. Un tipo blanco, buenmoso, finquero, sencillo, mamagallista y poco talentoso, como sus jefes.

El Capitán nunca entendió como pudo ser tan bruto aquel soldado. Volarse las piernas poniéndole las botas a un muerto que cuando estaba vivo, no era más que un bobo, un retrasado mental. Martina nunca entendió porque su marido tenía que haber elegido una profesión como esa y dar sus extremidades inferiores por un país que nada les había dado.
El público le hizo entender a Juancho que defender el español mal hablado no era suficiente, así que al man le tocó visitar el batallón aquel viernes a las 5 de la tarde y ofrecer sus canciones a los heridos, como premio de consolación.

Marcela llega a la ventanilla y responde con monosílabos mientras tiembla, ni siquiera le reciben los papeles, no tiene nada que demostrar, ni a donde huir. Sale de la embajada con los ojos llorosos y camina un par de calles, queda atrapada en el gentío, acaba de empezar el desfile de conmemoración de los 200 años de independencia.

Mi historia con el Barça


El Barça volvió a quedar campeón este año y mientras al menos 100 personas eran capturadas en Plaça Catalunya por destrozos y cientos de miles celebraban pacíficamente en toda la ciudad, yo cantaba las canciones de Ojos de Brujo, en la discoteca Bikini, abrazado a la esperanza.

Mi historia con el Barça no es fácil de resumir. Este post está hace mucho tiempo en mi cabeza y no se ha materializado antes por razones inexactas. Me comenzó a gustar el equipo de rayas hace muchos años, cuando los partidos de la Champions League empezaban con un plato de carne desmechada, arroz de fideos y yuca frita, para terminar en un denso sopor, sutilmente amenizado por los pases precisos de Rivaldo, los goles del holandés Kluivert y un enorme ventilador que me desordenaba mi cabellera cortada como Dios y sobre todo, los hermanos del Colegio del Sagrado Corazón, mandaban.

Entro al tren corriendo, está repleto pero todo el mundo guarda silencio, compostura. Sus bufandas blaugranas recuerdan que aún quedan días para la primavera. El silencio es insoportable y entonces busco explicaciones que me indiquen cómo diablos he podido llegar a emocionarme con un equipo así, en una ciudad así. –Debe ser porque aquí vivo hace casi 4 años y dicen que es el mejor equipo de la historia del fútbol- Entonces el silencio se desvanece y un tipo gordito, morenito, bajito y feíto, toca su pito largo. Se trata de una flauta fabricada por indígenas a la que los usuarios del metro miran con desencanto, mientras su dueño interpreta Gracias a la Vida. Minutos después, solo otro tipo gordito, morenito, bajito, feíto y con camiseta del Che Guevara, le da una moneda al músico como recompensa.
Parecerá increíble, pero tanto tiempo después no dejo de pensar en el camino al estadio Metropolitano de Barranquilla. Éramos por lo menos 6 encaramados en un Chevrolet Chevette del 87, vuelto mierda, que tenía pegado con Contact transparente en su capó, un gigante escudo juniorista, atravesado por un tiburón. Ahí no solo cantaba Diomedes Díaz, también Kinito Méndez, Sergio Vargas, Iván Villazón y el Joe Arroyo. Ahí no solo se tiraba maicena (harina) dentro del carro, también el conductor se empinaba una botella de ron cada vez que sobrepasaba algún otro vehículo vestido de blanco y rojo.

Se me va el tiempo en los recuerdos y llego al estadio. La gente entra ordenada y subimos al último piso en ascensor, nada que ver con los gritos, empujones, pelliscones y correndillas vividas en Barranquilla. Al salir a las gradas la vista me vuelve a impresionar. Cada vez que uno está en el Camp Nou se impresiona. Los jugadores se ven enormes y el público diminuto. Tengo la terrible paranoia de que es el escenario perfecto para un atentado terrorista o al menos una trifulca que termine en matanza. Recuerdo que ningún policía revisó nuestras mochilas, ni nos quitó las correas, nadie se preocupó por decomisar las astas de las banderas, ni revisar nuestros bolsillos, me pega un claro olor a marihuana.

Pienso entonces en el enorme poder de la educación, la cultura y esas maricadas, hasta que afortunadamente Messi toma el balón, se lo pega al botín izquierdo y elude a uno, a dos, mierda! a tres! -Ahí va otra vez ese hijueputa!- exclamo pero el público permanece inmóvil. Corre hasta el centro del área chica como si volara, dispara sin mirar el arco y el balón pega en el palo horizontal. Entonces el público aplaude elegantemente y yo le mento la madre otra vez: no porque lo merezca, no por su error si no por su destreza, no porque otros lo hagan ni porque sea costumbre en este estadio. Se la mento (mentar en catalán es mencionar) porque no hay a quien más mentársela… por solidaridad con el adversario. Se la mento porque aquí no hay Barrabas Goméz, ni Lucho Grau, no hay quien juegue así, no hay a quien insultar. El pobre árbitro se convierte en un espectador mas, un tipo inofensivo, al que no hay que recordarle a la familia.

Si el Barça fuera mi pareja, tendríamos una relación abierta. Cuando se pone bonita, sexy, provocativa, estaría ahí para devorar sus gambetas, sus pases, sus goles, sus pinturas, la compartiría hasta con los amigos de Juan Manuel Santos y haría un trío con Noemí Sanín. Cuando se pusiera pesada, lenta, tonta, borracha de tanto placer, de tanto ganar, de tanto conquistar, le cambiaría a sus jugadores, le daría el chance de perder –aquí perder es traicionar- de joder, la dejaría ir y volver, de verdad. Tal vez, el polvo más bacano de nuestra historia hasta ahora, lo vivimos un año antes de escribir este texto, en un bar de chinos catalano-parlantes al lado de mi casa, el día que Iniesta hizo lo imposible, destruyendo la red del Chelsea segundos antes de terminar la semifinal de la copa. Esa noche, una vieja de al menos 75 años me abrazó sin preocuparse por más nada y yo ahí… celebrando con los chinos, con un bocata de jamón dulce, entendí que por fin hacía parte de esta ciudad.

La última vez que fui al estadio, sin embargo, me volví a preguntar varias cosas. Por ejemplo: ¿Cómo se puede disfrutar un juego donde el rival parece idiota, qué hace uno en el entretiempo si no hay butifarrita con limón? ¿Cómo disfrutar del juego sin que un vendedor ambulante se te atraviese? ¿Cómo aplaudir sin papayera, -o al menos tambores- y sobre todo, cómo gritar gol, sin antes haber insultado a todos? ¿Se puede ser hincha de un equipo que no pierde y al que todos quieren?

Recién llegado pensé que el Sagrado Corazón –por ver tantos partidos con el uniforme corazonista puesto- me había premiado dándome un buen equipo al que querer sin remordimientos, después de años de sufrimiento frente al Atlético Junior de Barranquilla y la selección Colombia. Pero he llegado a la conclusión que ser del Barça puede que sea, como dicen aquí, el millor que hi ha (lo mejor que hay) pero fácil, lo que se dice fácil, no lo es, sobre todo cuando empieza a llover, a cinco o seis grados centígrados,  y descubres que el Camp Nou no tiene techo, para sus 90mil espectadores.

Preguntas necias.

¿Por qué mataron a Gaitán? ¿Por qué mataron a Galán? ¿Por qué mataron a Rodrigo Lara? ¿Por qué mataron a Guillermo Cano? ¿Por qué mataron a Pizarro? ¿Por qué si hay tantos recursos en al tierra hay tanta miseria? ¿Por qué siempre se me quedan las llaves cuando he cerrado al puerta? ¿Por qué no entiendo a las mujeres? ¿Por qué tengo tanta esperanza? ¿Por qué no me gusta el frío? ¿Por qué no me gusta el tecno? ¿Por qué la gente insiste en hacerse daño? ¿Por qué insisten en cobrar lo incobrable? ¿Por qué le quieren poner precio a todo? ¿Por qué no dejo de hacerme preguntas necias? ¿Por qué dejo de escribir? ¿Por qué no dejo de escribir? ¿Por qué me equivoco tanto? ¿Por qué aprendo tan lento? ¿Por qué tanto ego? ¿por qué tantos sueños? ¿Por qué tantas preguntas sin respuesta? ¿Por qué tantas tonterías en este blog? ¿Por qué tanto inconformismo, tanta rebeldía, tanta prepotencia, tanta huevonada?

En-cuentros


Salí de casa corriendo, como siempre. Tocándome los bolsillos para cerciorarme de no haber olvidado las llaves, ni la billetera, ni el móvil. Con el pelo aún mojado por el baño que me había dado, llegué a la boca del Metro de Marina.

Lógico! La T10 estaba vencida! ¿Por qué será que uno siempre se queda sin crédito en el billete de metro cuando más lo necesita?

Retrocedí y llegué a la máquina. Compré con la tarjeta del banco, la tarjeta de metro,mientras imaginaba, ¿Cómo pagarían el pasaje los ciudadanos en 1954? Cuando por primera vez, el metro de Barcelona pasó por ese trayecto?

Hace 46 años, mi abuela esperaba otro barco en el puerto, al que llegaban como siempre, cargados de marineros y comerciantes naves de todos los tamaños y rincones del mundo. Sus ocupantes eran italianos, alemanes, norteamericanos y uno que otro chino  más aventurero que ambicioso.

Una de esas tardes cualquiera, mientras la vieja Tulia recibía navegantes, mi madre con tan solo 11 años, llegaba a casa para encontrarse una triste imagen, difícil de olvidar. Su padre, Thomas Cohen, un inmigrante judío que había navegado por todo el este de los Estados Unidos buscando fortuna, pero que encontró la alegría de vivir 15 años antes, cuando vio a mi abuela por primera vez a los ojos, se había caído en la bañera y ahora,  ante el espantoso silencio e insoportable calor del medio día en el caribe colombiano, yacía sin vida.

¿Cuántas lunas, cuántas canciones, cuánto sudor y cuánta alegría ha pasado desde entonces, cuántas historias cruzadas, cuántas historias por cruzarse, cuantos milagros, cuántas posibilidades?

Salgo de mis preguntas necias y le doy al play del iphone. Ya me acostumbré a ir como todo el mundo aquí. Cada uno en su mundo particular, con sus sonidos preferidos.

Una vez en el tren, busco dónde sentarme y encuentro espacio frente a un par de señoras. Ellas no llevan música y lucen tranquilas, sonríen sin demasiada efusividad. No puedo escuchar nada de lo que comentan pues la Troba Kung Fú levanta a patadas mis oídos, pero puedo imaginar que hablan de historias añejas, de juventudes gastadas, de recuerdos duros y de sutiles satisfacciones. Pienso en mi abuela, la imagino en su mecedora de madera, la misma que “El Gringo”, como llamaban a su marido por su cabello rubio, le trajo del taller de Duncan Phyfe de Nueva York y en la que ella durante mas de 46 años, se meció de cinco de la tarde a siete de la noche, mientras cocía encajes para manteles que sus mismos hijos le compraban.

El metro llega a la parada donde debo hacer el transbordo con el tren de mediana distancia, lo veo anunciado en las pantallas luminosas y corro para no perderlo, pero es demasiado tarde. Las puertas están cerradas y se me escapa el aliento. Ella me mira, yo la miro, pareciera que el vidrio no existiera, pero existe y es grueso, cualquier cosa que quiera decirle, no lo escuchará. Además lleva unos putos audífonos, como todos en esta ciudad. 

Pensé en quitarle los ojos de encima, pero no fui capaz. Sentí enamorarme en ese corto instante, si saber su nombre, sus fantasmas o su estado de salud. Entonces pensé en el viejo Cohen, cuando mi abuela, en el puerto de Barranquilla lo recibía para mostrarle la ciudad, igual que lo hacía con tantos otros viajeros, mientras limpiaban y cargaban la embarcación en la que en algunas horas, volvería a partir. 

¿Puede una mirada generar tantas cosas? ¿Se puede ser tan cursi en pleno siglo XXI? Tal vez, si mi abuela y mi abuelo no se ubisen mirado aquella tarde cualquiera y si durante el segundo siguiente, la puerta no se hubiese abierto como por arte de magia y yo no hubiese subido en aquel vagón, quizá la historia fuera otra. 

Es probable, que si yo no le hubiese preguntado la hora, con la excusa de preguntarle a dónde se dirigía… y si ella no me hubiera contestado que a la misma fiesta que yo, seguramente no hubiese pasado todo lo que ha pasado hasta hoy. Entonces, muy posiblemente diría que no, que no vale la pena enamorarse, en esta época de listas de reproducción personalizadas.

Algo está pasando en Colombia

Columna publicada en Tribuna Latina y Mundo Hispano.

El escenario político se está moviendo con asombrosa rapidez en el país suramericano. Hace unos meses era impensable que no participara en él Álvaro Uribe, el actual presidente, pero la Corte Constitucional declaró inexequible el referendo que le abriría la puerta a un tercer mandato consecutivo, lo que destapó las cartas y sacó a flote a los candidatos que pretenden sucederlo.

Sólo un mes después, la maquinaria uribista -la conservadora y un partido creado a última hora por congresistas vinculados a grupos paramilitares, se presentó a las elecciones del Congreso y, a pesar de la denuncia de compra de votos, logró quedarse con la mayoría de los escaños.

No obstante, eso no fue lo único que pasó el 14 de Marzo. Ese día también estuvo marcado por una campaña que ahora es un fenómeno. El Partido Verde, reconocido en Europa pero reciente en Colombia, hizo una consulta ante el país para elegir a su candidato único. Este personaje, carente de los pesos pesados de la política, debía ser uno de los tres ex alcaldes de Bogotá más populares: Mockus, Peñalosa y Garzón. El primero encarna la transparencia, el segundo la buena administración y el tercero la lucha contra la desigualdad.

La consulta dio como ganador a Antanas Mockus, el más original de todos, y ante el asombro del país todos celebraron su victoria como propia. De familia lituana, matemático de profesión, especialista en filosofía, ética, pedagogía y semiótica, el profesor Antanas Mockus nunca ha sido liberal, tampoco conservador. En su gestión frente a la Alcaldía de Bogotá, redujo las muertes violentas en más del 50%, y a punta de cultura ciudadana cambió la cara de la capital colombiana para siempre.

Días después, se realizó el primer gran debate nacional televisado y es difícil saber si fue la lucidez de Mockus, o la falta de la misma por parte de sus adversarios, la que echó a rodar la primera bola de nieve, que un mes después no ha parado. Internet y las redes sociales vuelven a jugar un papel fundamental. Expresiones como “ese tipo es mucho presidente para este país” o “yo votaría por él pero no va a quedar”, han ido cambiando por innumerables muestras de apoyo y solidaridad. Facebook, la red más popular, se ha volcado a arroparlo y ni siquiera todos sus contrincantes unidos logran superarlo en fans.

Mockus no aparecía mucho en los medios en los últimos años, pero su trabajo académico era persistente, así que decenas de periodistas, columnistas, editorialistas y ciudadanos, le han dado un impulso inesperado que en un par de semanas lo ha catapultado al segundo lugar de las encuestas, muy cerca del primero, el que ocupa el exministro de defensa, Juan Manuel Santos, la carta de Uribe y de buena parte de la aristocracia colombiana.

Desde entonces, Mockus no ha parado de repuntar. El también candidato independiente, también matemático, pedagogo y ex-alcalde exitoso (pero de Medellín) Sergio Fajardo, se unió a las filas del equipo Verde. Lo hizo con humildad, y Mockus le respondió ofreciéndole la Vicepresidencia. El ruido no para desde hace días, la espuma verde sigue subiendo, los abstencionistas se contagian, hoy hay más medios para participar, la gente se inspira, hace fotos, videos, se pinta la cara y se viste del color de la esperanza. Pero Mockus es diferente y hace lo que ninguno ha hecho antes, se pronuncia diciendo que devolverá al Estado 4.500 millones de pesos (1,6 millones de euros) que le corresponden por ley para financiar su campaña, y Peñalosa, que sigue en el equipo, propone que el Estado lo invierta en la construcción de un excelente colegio en un lugar desfavorecido. Lo que podría parecer un acto demagogo, esta vez resulta consecuente con el discurso y actuación que el candidato ha desplegado durante toda su vida. La gran prensa no hace el eco que merece la noticia, pero la Ola Verde ya no se detiene. Organiza caravanas en bicicleta en todas las ciudades del país, la gente cree que de verdad es posible y entonces todo el panorama cambia.

Cuando Colombia ya no se distingue, y todo parece demasiado, Mockus vuelve a sorprender, entonces en una declaración anuncia que tiene principios de Parkinson, pero que no hay de qué preocuparse, al menos en los próximos 12 años. Se genera más noticia, más boca a boca y los neurocirujanos más prestigiosos del país anuncian que votarían por él.

“Si Mockus tiene Parkinson ¿por qué los demás tiemblan?” escribía un caricaturista de la Revista Semana y ahora es la pregunta que inunda las redes sociales. Las respuestas son muchas, es el establecimiento lo que está en juego, un tipo que habla de meritocracia, de legalidad, que no se le conoce vínculo alguno con grupo armado ni caso alguno de corrupción. Un tipo respetado por la academia, la prensa más audaz y los artistas, por los capitalinos y por los jóvenes universitarios y la clase media de gran parte del país. La inmensa mayoría, cansada de las prebendas, la corrupción y las maquinarias, ya está seducida, pero aún la batalla no se ha ganado, ni muchísimo menos. Enfrente, el exalcalde tiene a los de siempre, dos ex ministros, una ex embajadora y dos ex congresistas que representan la política tradicional con todos sus vicios.

Amanecerá y veremos. Mientras tanto, la gente está alegre, muchos siguen en las calles y Ola Verde ya ha llegado hasta Barcelona, donde el próximo domingo 18 de Abril, a las 11h en el Punt Verd de la Sagrada Familia, saldrá un grupo de apoyo organizado por colombianos que sueñan un país distinto.

Y yo, que hace años lo entrevisté y me pareció un tipo brillante, mientras escribo esta columna escucho en la radio que le preguntan: Dr. Mockus, díganos brevemente, pero muy brevemente por favor, ¿por qué votar por usted? - Pues para sufrir menos y tener más alegrías.

Sicotrópico, el rock del Caribe o la siquis del trópico

Según Wikipedia, una sustancia psicotrópica es un agente químico que actúa sobre el sistema nervioso central, lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento. Según Antonio Sánchez, mejor conocido como el Negro, Sicotrópico es la siquis del trópico, que también actúa sobre el sistema nervioso central, lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento. Sin embargo, el bajista y uno de los fundadores de esta banda, asegura que hasta el momento nadie se ha quejado, y que en ningún caso, el aumento de conciertos ha resultado nocivo para la salud.

Por el contrario, para quienes los hemos visto tocar, lo cierto es que Sicotrópico es simplemente Sicotrópico. Se trata de entender el Rock en Español como una posibilidad de continuo mestizaje. Nacidos y crecidos en Barranquilla, un puerto enclavado junto a la desembocadura del río Magdalena en el Caribe colombiano, las canciones de este par de hermanos se construyen entre el Carnaval y la Salsa, la ciudad y la playa, las guitarras eléctricas y las tamboras, entre los que vienen y los que se van, en fin… entre la cotidianidad diversa de esa Latinoamérica que se resiste a que muera la música de calidad.


En la escena del Rock colombiano están trabajando con y para artistas reconocidos a nivel local, nacional y mundial desde hace años, pero ahora han sacado el primer álbum propio y es lo que quieren compartir. Seis canciones con base Rock, cantadas con la melancolía del mar y la furia de El Río. Para los entendidos, se trata de un trío (guitarra, bajo y batería) que sorprende por la madurez en el escenario pero que sobretodo emociona por la armonía en las líneas melódicas y la incorporación de elementos de Jazz junto con sutiles características de folclore colombiano. Lo que producen, dicen, es un Rock con un matiz propio, un matiz que tal vez solo pueda surgir bajo el implacable sol del Caribe para madurar en una ciudad como Bogotá, con casi 10 millones de historias individuales.


Este primer CD fue cocinado en esa ciudad, donde los hermanos Omar y Antonio montaron un restaurante/bar de comida texmex llamado Chihuahua & Sonora. A las 4 de la mañana estaban despiertos cada día, a veces habían dormido, a veces no. A las 5 estaban en el mercado central haciendo la compra, a las 8 empezaban a ensayar, a las 11 a cocinar y a las 13 a servir platos a los primeros clientes, a las 19 se organizaban las mesas para la cena, a las 21 empezaba la fiesta, a las 23 era el concierto.


Cuando se les pregunta si recuerdan esa época como un sacrificio, responden que no con vehemencia, explican que la música ha sido una decisión de vida que han querido afrontar y que nunca haciendo música, la han pasado mal.


Chihuahua & Sonora era el lugar de encuentro de estudiantes, profesionales y uno que otro político, pero sobre todo de poetas románticos, compositores nostálgicos, locos perdidos por la luna… policías que entraban buscando a quien llevarse y salían bailando. Ahí escribió El Negro CocamanTV, en la contra-cara de la comanda, mientras servía unos frijoles. Tras la barra, absolutamente sobrio, Omar creo las melodías de varias canciones, mientras que como DJ, veía pasar la noche, con todo lo que ella trae.


Ahí bailé y canté yo también estas canciones que ahora te hago llegar, con la ilusión de que podamos compartirlas con Barcelona y que la siquis del trópico suene y siga subiendo, como la Espuma de mar.

Del 8 al 11

8.

Tomaste mi mano fuertemente, a pesar del miedo y la desconfianza. Tomaste mi mano con fuerza y me diste fuerza. Fuerza para hacer la fila, para darte un abrazo, para decirte todo con la mirada, para vincularme contigo sin apegarme a ti, para robarte el sueño, para soñar contigo. Subí las escaleras con el corazón fortalecido y no dejaste caer una lágrima hasta que giré y te perdiste tras el ventanal del aeropuerto.

9.

Quise abrazarte, volver a ti, me mandaste al carajo, a la mierda, sos puro corazón. No supe como acercarme, también soy un aprendiz. Tomé tu mano fría de invierno para darte fuerzas, pero ya habías recuperado las tuyas, de las tripas, de entre el alma y armaste el alboroto, alegraste la fiesta y disfrutaste el desorden. Fuiste el centro del mundo, sobretodo del mío.

10.

Pa’ fuera, Pa’ la calle! le gritaste a todos, pero solo yo te escuché. Solo yo te busqué, espero solo yo encontrarte. Te ves divina y lo se, te ves divina y lo sabes. Tu celular me llama solo, yo te llamo solo, nuestros cuerpos se llaman, nuestras vidas se llaman, se desean, se extrañan, a pesar de los pesares.

11.

Tomamos nuestras manos con fuerza y subimos la escalera eléctrica mas juntos que nunca, más pegados que nunca más vinculados que nunca. No hay miedo ni angustia, el acordeón nos hace sentir bien. Compartimos la tambora, bandera tú, bandera yo, audífono tú, audífono yo, se nos acelera el corazón mientras los pies no dejan de moverse.

8.

Disfruté mi espacio, mi fiesta, mi tradición, mis amigos, tu recuerdo. Era extraño estar en casa, sin ti, conmigo, como si tu existieras hace mucho. Como si mi casa te extrañara, como si mis amigos me preguntaran por ti.

9.

Indiscutiblemente eras la reina, una reina sin tesoros ni tierra, que me enseñó una manera de vivir nada mas. En mi mundo gobernabas sin miedo, con la sonrisa inmensa de la Negra Soledá.

10.

Caminabas despacio, con el dolor de cabeza que deja la resaca. Quise preguntarte porque te cuesta tomar conmigo y no cuando estás sin mi. Quise preguntarte muchas cosas que no responderías, quise explicarte tantas que me enredaría, quise solo abrazarte y me lo permitiste, entonces recargue energías para seguir compartiendo domingos, y todo lo demás.

11.

Entraron más de 100 aunque cabían muchos menos. Ahí estaban todos: los de siempre, los de nunca, los carita blanca, los politiqueros, los ladronzuelos, las prostitutas, los empresarios, los profesores, los del vacile efectivo, los de los falsos positivos. Y ahí entraste tú sandungueando. Tú, esa negra linda, presumida, jactanciosa y saramulla, con tu pollera colorá… Entonces pusieron una Cumbia en el templo de la Salsa y tu y yo, bailamos como nunca para hechizarnos para siempre, en este vínculo real.

En la ciudad de los sordos


Ramiro entró despacio, como con miedo, como entran los borrachos en la madrugada a sus casas después de visitar a la amante. Ramiro se puso blanco una vez dentro, en la primera página, en la portada, Vanesa estaba sujeta al tipo, colgada de su cuello como una camisa vieja a su gancho.

Se levantó de la silla, fue a la cocina y sacó de la despensa una botella de Sello Negro, volvió a su habitación, observó la pantalla y se zampó un trago largo, amargo, con el que se quemó la garganta.

Miró una foto y luego no se pudo detener, Carelibro es así, miró la galería completa, foto por foto, clic tras clic sus ojos se ponían más y más rojos pero no les dejó derramar ni una lágrima, -ni una puta lágrima por esa hijueputa- pensó mientras cerraba la ventana.

Al día siguiente, Ramiro esperó al tipo frente a la puerta del edificio donde vivía, un edificio viejo y feo, como él, con una puerta pequeña y mugrienta, formada en parte, por pedazos de vidrios rotos. El tipo bajó por la acera, cruzó la calle y Ramiro prendió el coche casi en silencio.

Cuando el semáforo peatonal marcó el verde, aceleró a fondo y se lo llevó por delante, con todas las fuerzas de su coche y de su alma, el maldito-perro-hijueputa que le había arrebatado a su mujer, se reventó contra el parabrisas de su mercedes. Nadie vio nada en la ciudad de los sordos.

Ramiro entró despacio, como con miedo, como entran los asesinos a todas partes y se puso blanco una vez dentro . En la primera página, en la portada, Vanesa continuaba sujeta al mismo tipo, colgada de su cuello como una camisa vieja a su gancho. Miles de mensajes le daban el sentido pésame, inclusive los amigos de Ramiro, los de toda la vida, los de las incontables borracheras, los del estadio, todos. Estuvo a punto de comentar en el Carelibro que el también lamentaba mucho la muerte de aquel tipo, pero no fue capaz. Se levantó de la silla, fue a la cocina y sacó de la despensa una botella nueva de Sello Negro, volvió a su habitación y observando la pantalla, leyendo cada uno de los mensajes de sus examigos para su exmujer, se zampó sorbo tras sorbo, clic tras clic, tragos largos, amargos, que solo detuvo cuando llegó al final de la botella.

Vanesa guardó el luto una semana, no salió de su casa ni de su perfil, se quedó mirando cada galería, colocando cada media hora en el status sus dolores, sus penas, sus frustraciones, luego se cambió y caminó media calle hacia la montaña, donde se encontró de frente con Ramiro, quien sin decir una palabra y con la cara inundada por lágrimas, le disparó un balazo en el corazón.

Ramiro entró despacio, tranquilo, sonriendo sastifecho, como entran y salen los políticos de su país al Capitolio Nacional o a la cárcel. Sin embargo, no se puso blanco una vez dentro y empezó a temblar, en la primera página, en la portada de Carelibro, la maldita Vanesa estaba sujeta al mismo hijueputa, colgada de su cuello como una camisa vieja a su gancho. Entonces se levantó de la silla, fue a la cocina y buscó en la despensa una botella de Sello Negro, pero no encontró. Volvió a su habitación y buscó en la chaqueta, el revolver que había guardado minutos atrás, miro la pantalla y la foto detenidamente, sus ojos se inundaron de agua salada, pero antes de dejarla caer, reventó el imac-último-modelo con un pepazo.

El Oso Ferdy


A mi abuela, con todas las fuerzas.

No recuerdo muy bien cuando lo vi por primera vez, recuerdo, eso sí, que su mano era como la de un oso gigante. No eran solo sus manos, tenía el pelo blanco como la nieve y una barriga nada despreciable, además de los ojos azules como cielo y un nombre como de oso: El Oso Ferdy.

No recuerdo exactamente cuando llegó a nuestras vidas, tal vez yo tenía diez años, tal vez menos, lo que sí recuerdo es que mi prima Maryellen y yo estábamos algo enojados, -muertos de los celos en realidad- pues el intruso con cara de oso nos estaba robando el corazón de Tita Mery.

Tampoco recuerdo cuanto tiempo pasó pero fue realmente poco, en un abrir y cerrar de ojos Ferdy ya era de la familia. Estaba en los cumpleaños, en las primeras comuniones, en los bautizos y en Navidad, y nosotros también muy rápidamente, habíamos entendido sin ser adolescentes si quiera, que el amor no tiene edades y que nunca es tarde, para empezar de nuevo.

En el año 2001 había entrado a la universidad y tenía una materia que era la más importante de todas, para la cual había que hacer un examen al que todos los primíparos llegaban nerviosos. Yo no llegué para nada nervioso al despacho del profesor y director de programa de aquel entonces, para cruzar con el permiso de la secretaria y decir con contundencia: “Profesor, no puedo hacer su examen. Mi abuela se casa ese día a esa hora… y esa vaina yo no me la voy a perder.” El profesor postergó mi examen y yo llegué a tiempo para ver la cara de felicidad de Tita Vale, mi bisabuela que con casi 90 años estaba orgullosa de haber logrado que su hija hiciera las cosas, como Dios manda.

Ya ha pasado casi una década desde entonces y son muchas las imágenes del Abuelastro (como le decía con cariño) en mi cabeza. Ya ha pasado más de un mes desde que dejó este mundo, dejando a mi abuela (uno de los seres que más amo) y a toda la familia, con el corazón chiquito.

Como toda la gente que escribe sobre fallecimientos habla bien del difunto, yo he tardado varios semanas para escribir este texto, me dediqué juiciosamente a buscar entre los recovecos de mi mente, un día en el que hubiese visto a Ferdy emputado, malgeniado, triste. Un día en el que como cualquier ser humano se hubiese cabreado, se hubiese molestado, se le viera deprimido. No fue una cuestión de rigurosidad periodística, ni de búsquedas creativas. Les juro que lo intenté, tal vez por soy un curioso y un incrédulo empedernido.

Les juro que me lo propuse, insistí, pero ahora no puedo más: tiro la toalla! Ferdy tenía la capacidad de repartir cariño a todos, de amar a mi abuela de verdad, desde la tolerancia y el respeto. Ferdy tuvo hasta el último día, la capacidad de divertirnos a todos, de no meterse con nadie. Por eso nadie lo llamó Fernando, por eso siempre fue Ferdy.

¿Inútil? Inútil es aquella vida que se pasa sin encontrar respuestas, que pasa sin encontrar sentido. El mayor defecto del Viejo Ferdy era comer sin hacer deporte y meterse sus rones sin arrepentirse. Yo me quedé con el recuerdo de su sonrisa inmensa, sus ojos azules y sus manos gigantes.

Inútil es intentar acostumbrarnos a las despedidas, huir del dolor. El mayor defecto de muchos de nosotros es vivir arrepentidos por lo que no hicimos. El paso de Ferdy por este mundo no fue inútil, nos enseñó algo a todos, repartió cariño como ninguno, se río de las desventuras de la vejes y los achaques del tiempo. No se burló de nadie, excepto de sí mismo, para enseñarnos que la mejor manera de morir, es justo después de pasarse toda la vida sonriendo.

Gladys Yemail, la vida vista desde otra orilla.

Cierro los ojos e intento escribir. Me pierdo, me como las comas, me despisto, me equivoco, no lo logro, entonces los abro, doy las gracias, borro todo, y empiezo de nuevo.

Gladys Yemail llegó a Catalunya hace más de treinta años. Su acento parecía canario pero su origen estaba más lejos. El Caribe colombiano la había dejado partir no sin antes advertirle a punta de atardeceres dorados y música de tambores, que jamás podría escapar del todo.

Cada vez que regresa a su tierra y en especial, en veces como la más reciente, en la que pudo estar de cerca con los proyectos sociales que lidera, ni ella misma puede explicar exactamente lo que siente. Tal vez, lo que experimenta no sea más que un sentimiento de profundo agradecimiento con la vida misma. Y es que desde que se jubiló, luego de toda una vida como profesora de educación física, su voluntad de hacer algo por los demás, se ha convertido en una de las razones fundamentales para levantarse cada día.

Mientras hablamos en un café junto al Mercat, en pleno centro de Sabadell, me explica que hoy no ha podido desayunar. Se levantó temprano, hizo ejercicios, tomó un jugo de naranja y salió a encontrarse conmigo para esta entrevista.

Me explica entonces, que más tarde tendrá que ir a la escuela para hablar con los chicos que harán la presentación del proyecto Planeta Imaginario en la Biblioteca Vapor Badía el próximo 17 de Noviembre, luego, se reunirá con los técnicos y los otros miembros de la entidad que preside. Al final del día, hablará por teléfono con la directora de otra escuela, no sin antes enviar un par de mails: a la coordinadora de las actividades en Colombia y a varios periódicos de la ciudad.

Estas labores, que a muchos de nosotros parecerán tan habituales, cobran especial interés con Gladys enfrente. Mientras me habla, la camarera se acerca con el té hirviendo y un pocillo de leche. Gladys le pregunta dónde ha puesto cada cosa, a lo que la camarera responde de manera displicente: -Pues aquí...- A lo que Gladys responde: Perdone señorita, es que soy ciegay se levanta las gafas dejando muda a la empleada del local, -y a mí, por supuesto-.

Así es Gladys: honesta y contundente, entonces me explica: -“Es que yo estoy haciendo pedagogía todo el tiempo, de esto se trata la diversidad. Me considero ciega desde hace unos 6 años, cuando tomé el bastón... pero nací con retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa de la retina. Así que desde pequeña he visto como se me iba apagando la luz”-

No sé muy bien que decir pero ella se explaya como si nada: -”En mi casa somos 8 hermanos y hoy, ya 4 estamos ciegos. Así que yo sabía que esto sucedería”-

Miradas imaginarias.

La Xarxa Solidaria Sabadell-Colombia es una asociación sin ánimo de lucro que nace en 2004 gracias a la convicción de esta docente ahora jubilada, y de su interés por seguir educando, en medio de sus dificultades de salud.

Todo empezó cuando en uno de sus viajes, Gladys reflexiona sobre el valor que niños y niñas de escuelas públicas de Cartagena de Indias (Col) dan a sus vidas en medio de tantas carencias y dificultades.

Metida en una diminuta aula de clases, a 40 grados centígrados y con 40 adolescentes, entiende que las formas en que estos y estas se relacionan con sus compañeros, con sus profesores y con su entorno, acumulan esa capacidad de asombro, de goce, esa inquietud por aprender, pero sobre todo, esas ganas de progresar que parece por momentos escabullirse en los chicos y chicas catalanas con quienes medio de muchísimas comodidades, durante 28 años, ha estado trabajando.

Gladys piensa entonces en el poder de la comunicación y en la posibilidad de poner a unos y a otros en diálogo. Pero no en un diálogo entre el primer mundo y el tercero, entre el norte y sur, sino en un diálogo horizontal, entre iguales, donde la inocencia de la niñez y la energía de la juventud permitan ampliar a unos y otros la visión del mundo, el valor que le dan a lo material y la forma en que miran y juzgan a los demás.

De este modo, junto con algunos ex-profesores y otros amigos jubilados se forma el Grupo Colombia que es apoyado por la Oficina de promocio de la Pau i dels Drets Humans y la Escola de Cultura de Pau de la UAB. Este grupo entonces entra en colaboración con la Escuela Libertad de Cartagena y reciben apoyo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Cartagena.

Así, poco a poco, lo que empezó como una idea particular se va convirtiendo en una realidad colectiva y por medio de cartas escritas y dibujadas con infinito cariño, chicos y chicas de ambas orillas del océano empiezan a compartir imágenes y experiencias, sus visiones del planeta y su cultura, para encontrar los valores comunes, en medio de la diversidad.

Pocos años más tarde, las cartas entre los niños se volvieron intercambios audiovisuales. El Ajuntament de Sabadell apoyó el proceso a través de subvenciones para la sensibilización y la cooperación internacional, mientras la Biblioteca Vapor Badía concede espacios, como el del próximo 17 a las 19h, para socializar las iniciativas.

Hoy por hoy, los proyectos de la asociación se desarrollan en varias escuelas e incluyen talleres, conferencias y estrategias con internet. Además, se han ido vinculando profesionales de la antropología y la comunicación social, artistas y estudiantes de doctorado que han participado como facilitadores de los distintos momentos del proceso.

Tengo muchas cosas que preguntar sobre este proyecto pero Gladys me propone que mejor asista al evento. Ella es así: franca y directa. Me pregunta la hora y me recuerda su cita dentro de poco, mientras me dice: - “Si algo he aprendido con todo esto, es que la comunicación intercultural y la educación, es una potente herramienta para generar nuevas visiones del mundo-”

Si ella lo dice, yo le creo. A simple vista, Gladys es una mujer serena, tranquila, educadora por vocación, convencida del servicio social. Pero entendemos su valor y ejemplo de superación excepcional cuando recordamos que las caras de los técnicos que trabajan con ella jamás las ha visto ni los verá con sus propios ojos. Los mails los envía gracias al software especial: Jaws. Para el móvil, también utiliza un programa exclusivo y para transportase por la ciudad: un bastón plegable que nunca suelta, una memoria prodigiosa, una gran capacidad de escucha y la buena voluntad de la gente del camino. Gladys pide la cuenta, entrega los billetes exactos después de tocarlos detenidamente y me toma por el brazo para bajar un par de escalones, entonces, por bromear, le pregunto cualquier cosa: -“¿Gladys, qué quieres hacer cuando seas grande?”- Ella responde de inmediato y sin titubear: -”No quiero ser, quiero hacer. Una fundación para ayudar a ciegos de excasos recursos, allá en Cartagena. Ya estamos trabajando, hemos enviado unos bastones y la idea es capacitarlos en informática...”-.


Fonseca, música del Caribe global.

Nota para TribunaLatina.com y Fonseca.net

La mayoría del público asistente a la sala Bikini de Barcelona, no solo era principalmente de nacionalidad colombiana, sino que además no superaban los 30 años. Si se les preguntase a todos, seguramente muchos de los presentes dirían que era un concierto de música vallenata y que el Vallenato, es un ritmo colombiano que se toca con batería, bajo, guitarra eléctrica y acordeón.

Pocos recordarían entonces, que el Vallenato nació en una vasta región enmarcada por el río Magdalena, el mar Caribe y la Sierra nevada de Santa Marta en la Costa Caribe colombiana, hace más de 200 años. Los cantos de vaquería con que los peones de las grandes haciendas acompañaban sus jornadas vespertinas para recoger y encerrar el ganado, fueron la base de lo que más tarde se convertiría en las historias cantadas que derivaron en las canciones vallenatas.

Posiblemente, ninguno de los asistentes al concierto de Fonseca, recordaría que hace apenas 40 años, esta música, -hoy insignia de un país- ni siquiera sonaba en la radio y que inclusive en las ciudades más grandes de la región, era considerada vulgar. La posibilidad de ver un concierto en Bogotá, era por lo menos, remota.

Pero el tiempo pasa rápido y anoche en la famosa sala Bikini de Barcelona, un bogotano de 31 años que ha vendido más de medio millón de copias y ha recorrido toda América con sus giras, cantaba vallenato con sabor a pop, a merengue, a launge, a balada, a reggae, a Rock. Fonseca es un tipo alegre y sencillo que con un par de discos ha ganado premios Grammys, Billboards, MTV Latinos y que grabó su primer CD entre Valledupar, Bogotá y Miami. Fonseca es parte de esa nueva generación de colombianos que reconstruye su identidad en relación con el mundo. Este joven, es parte de esa Colombia llena de talento, orgullo y alegría, que a pesar de sus múltiples tragedias y contradicciones, tiene otras historias para contarle, al resto del planeta.

Vuelve y juega!

Vuelve y juega, volvió a suceder, me volví a olvidar del cumpleaños de mi blog. 

En Agosto este espacio volvió a cumplir años, ya son 3, ya van 159 entradas... y han faltado tantas últimamente, que no se si tenga mucho sentido celebrarlo. 

Este 2009 podría ser el año de las ausencias. Tal vez no he estado tan aburrido y he logrado escabullirme por otras líneas por otros recovecos, tal vez el desahogo ha venido por otras partes o tal vez, simplemente, este espejo de mis miserias,carencias, vergüenzas, ilusiones y miedos, me ha empezado a asustar en serio.

No me preocupa que mis padres, mi novia o mis amigos se enteren de quien soy, me da miedo que yo me entere, que yo me encuentre, que por fin haya construido un espejo y por tanto un monstruo. Como diría el filósofo Dolcey Gutiérrez, Uyyyy, que miedo!

Por otro lado, hay un compromiso intrínseco, una fuerza inexplicable que me obliga a no soltar el acelerador hasta que la gasolina se acabe, o el dinero para ponerle más, se termine de agotar. 

Gracias a los que han continuado pasando por aquí, espero que yo siga, pasando mas que ustedes. 

Forward

Si no es divertido, si no te hace feliz, si no puedes hacerlo aunque no te ganaras un céntimo, ese trabajo no es para tí. Es mentira que debemos amar lo que hacemos. Eso es para los resignados. La verdad es que debemos hacer lo que amamos. Ese es el camino del Corazón.

Independence Day

El 20 de Julio de 1810 se efectuó en Santa Fe el Grito de Independencia, por eso el pueblo colombiano está celebrando por estos días, el Bicentenario. La fiesta se espera por todo lo alto. En Barranquilla, se ha confirmado que Petrona Martínez le devolverá al Joe Arroyo, el homenaje que este le hiciera alguna vez, cuando cantando sus canciones, vendió cientos de miles de discos y muy cerca de ahí, en el municipio de Malambo, se presume que el fantasma de Michael Jackson volverá a aparecer, esta vez cantando el himno nacional en inglés.

En el panorama internacional, el odontólogo y cantante vallenato Peter Manjares cantará junto a Alfredo Gutiérrez en la Plaza Mayor de Madrid, y los norteamericanos han tenido la gentileza de regalarle al pueblo colombiano, tres bases militares y el mantenimiento durante 10 años de 800 empleados del departamento de Defensa estadounidense y 600 contratistas militares en distintas zonas del país.

Por su parte, el gobierno del Presidente Uribe, reiteró que el 20 de Julio presentará al Congreso de la República el nuevo impuesto de guerra que deberán pagar 17.200 contribuyentes, con el objetivo de recaudar 1.24 billones de pesos.

Apuntando

Roberto: -”Mira yo llevo tres años aquí, me he gastado casi 10 mil euros renovando el NIE como estudiante. He trabajado repartiendo flyers, administrando un locutorio, editando videos, preparando  hamburguesas. He encontrado 5 o 6 trabajos en mi profesión pero nadie me quiere hacer el famoso contrato.”-

Isabela: -“Yo me casé con un español, fue un infierno, pero ya estoy saliendo de eso.”-

Pedro: Yo me devuelvo, no aguanto mas. Lo he dicho varias veces pero ahora es en serio, llevo 5 años sin lograr los papeles de trabajo. No puedo seguir matriculándome en cursos que no sirven para nada.

Natasha: A mi me encnata Barcelona, así me quede ilegal, no me devuelvo. Nadie entiende lo que es vivir en mi país. - Martì, y tu de donde eres, qué haces aquí?


Martì miraba lejos. El horizonte no se notaba, la noche se tragaba el mar frente a él. Llegó a esa reunión por casualidad, gracias al amigo de una amiga de su primo. Acababa de llegar de Andalucía. Su trabajo allá se concentraba en la frontera: pateras y narcóticos, al emnos eso decían sus superiores. En Barcelona no tenía mas que a su primo. Martì no quería responder la verdad, no quería explicar que su trabajo consistía en detener posibles inmigrantes en la calle, pedirles papeles y si no los tenían, llevarlos a los centros de reclusión de indocumentados para tramitar su deportación. -“Soy camarero”- afirmó.


Verónica: Yo también soy camarera, me gano 1000 euros hace 4 años y medio. Como trabajo en negro, me tengo que dar por bien servida, logro enviar 500 euros a mi madre en mi país, que esta realmente muy mal, intentando sacar adelante a mi hermanito.


Martì se enamoró de Verónica esa misma noche. No fue pesar, ni lástima. No lo hizo para remediar su culpa ni vio en ella sexo fácil. Verónica tenía unas piernas hermosas y bailaba samba como las diosas. A Martì nunca le enseñaron a mover sus caderas, la música del Caribe jamás la escuchó, confundía Puerto Rico con Costa Rica mientras cantaba canciones de Metálica sin saber hablar inglés. Aprendió a disparar desde hacía cinco años y esa noche lo intentó de muchas formas, pero a Verónica nunca pudo darle, en el corazón.

La revancha del loco

Mientras almorzaba entró el primero, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto y el sexto. En los 40 minutos que tardé comiendo frente al televisor, el equipo alevín del Fútbol Club Barcelona -niños entre los 12 y 14 años- destrozaron las redes y la moral, del Real Valladolid. Al final del encuentro, mientras el arquero del Valladolid lucía irreparablemente consternado, la estrella del Barça, un niño camerunés con piernas de pantera, pulmodes de acero y 1,75 de alto daba unas declaraciones tan sensatas como convencionales en un castellano perfectamente pronunciado. Miré los espaguetis que me comía con la convicción de que en el 2019 este niño tendría 10 veces el dinero que hoy hay en mi cuenta además de mucha disciplina y pocas travesuras. Seguramente muchos logros, pocas derrotas, ninguna cana y una historia que contar: como siempre, la historia que se impone, la de los ganadores.


José René Higuita Zapata, alias el El Loco nació en Medellín el 28 de Agosto de 1966 y cuando pudo convertirse en un gran sicario, decidió intentar ser el mejor portero del mundo. Llegó al noveno puesto, marcó mas de 40 goles y le dio al fútbol colombiano la primera Copa Libertadores de América. Sus piruetas en las canchas del mundo, por fuera del area delimitada, no figuran en las estadísticas de la FIFA, pero si en la memoria de los niños de mi generación. Quienes jugábamos sin árbitros ni táctica, parando el partido cada vez que un carro pasaba por el medio de la cancha, delimitada por cuatro piedras que formaban dos arcos en la mitad de la calle.


En 1991 El Loco viajó a España para jugar con el Valladolid pero no tuvo suerte y abandonó el equipo a mitad de temporada. Como broma del día de los inocentes, en diciembre de 2008 se publicó en un diario vallisoletano que Higuita se desempeñaría como entrenador de arqueros en ese club. Media ciudad tembló, la otra media se burló, yo estoy convencido que si hubiese sido cierto, la cara de este arquerito del Valladolid que hoy la tele trasmite con tanto morbo, no tendría el mismo aspecto. No me extraña que su equipo hubiese recibido la misma cantidad de goles, -al fin y al cabo se enfrentaban a chicos mucho mas fuertes- pero estoy convencido que él se habría levantado sonriente y confiado, se habría quitado los guantes como tantas veces se los quitó Higuita, para volvérselos a poner sin pensar en el dinero, retando a todos, pidiendo revancha para hacer del deporte un juego y del juego, su pasión.