Del autor *


* Publicado en www.revistaquilla.com

El 24 de Febrero de 1984 Alfredo Cohen Arias se fumó a las dos de la madrugada, dos cajetillas completas de Marlboro y se tomó media botella de aguardiente. María Inés Montoya, lloró de alegría como nunca y cambió su vida para siempre.

Yo llegué a este jodido mundo aquella noche, mientras los demás disfrutaban de un viernes de Guacherna, en esa extraña ciudad donde el Río Grande de la Magdalena se encuentra con el Mar Caribe colombiano. Aun no tengo muy claro como lo logré, pero fui muy feliz durante mi niñez. Aprendí a disfrutar de las cosas chicas de la vida; patear un pelota de trapos, comer piñitas con Kola Román, correr como loco luego de pegar chicles en los timbres de las casas y robarme colecheritas en la Olímpica.

Tengo aún menos claro, cómo me gradué del Colegio del Sagrado Corazón perdiendo un promedio de 120 exámenes por año y sin entender hasta hoy, para qué sirve la trigonometría. A pesar de todo, en el 2006 me entregaron el cartón como Comunicador Social y Periodista, en la Universidad del Norte, en donde, al igual que en el colegio, dejé buenos recuerdos y grandes amigos.

Durante los años universitarios trabajé en proyectos sociales, periodísticos y publicitarios. Luego fui a hacer las prácticas profesionales a una productora independiente de Bogotá y regresé a Barranquilla para graduarme y desde ahí producir historias para la tele nacional. Meses más tarde, en un ataque de malparidez cósmica, viaje a Barcelona para hacer el Máster en Documental Creativo de la UAB, donde fui productor del proyecto.

Contrario a lo que muchos imaginan, la vida en el mal llamado primer mundo es bastante complicada. Además de aprender a cocinar, hacer la comprar, pagar servicios, lavar la ropa y la losa, arreglar la casa y sacar la basura me ha tocado repartir publicidad, ser asistente de cocina, administrar un café internet, hacer promociones para un banco a las 6 de la mañana en pleno invierno y hasta vender mis espermatozoides para conseguir euros.

Todo este proceso me permitió crecer en todos los aspectos y me obligó a desarrollar una estrategia para no dejar de hacer lo que me gusta: la comunicación.

Fue entonces, en este sentido que nació mi BLOG, un espacio desde donde mirar el mundo, burlarme de este, empezando por mí. Este BLOG se ha convertido entonces en mi referencia y mi vitrina, pero también en mi válvula de escape y mi reto personal. Después de casi dos años on-line hay más de 125 post de textos, unas 70 fotos, una historia real basada en hechos ficticios y unos cuantos videos.
Ha sido el BLOG el mejor puente para materializar proyectos. Hoy, después de mucho esfuerzo y perseverancia, trabajo freelance para una agencia de publicidad (haciendo marketing alternativo) en una productora de televisión (editando unos videos) para un par de periódicos (escribiendo crónicas) y sin pausa pero sin prisa, en un documental independiente sobre un grupo de árbitros inmigrantes.

Soy sincero y absolutamente arrogante, me cuesta mucho odiar a la gente, soy alegre, optimista y despistado. Creo en los atardeceres del Caribe, en los condones, en el porno y en Youtube. Creo en Dios, en la carne en posta con arroz de coco, en la cumbia, en el porro, en algunos vallenatos y en el Pibe Valderrama, pero dudo muchísimo, que la paz de Colombia esté cerca.

Yo no lo decidí.

-“Bala perdida mata a niña de 5 años en el suroriente de la ciudad”- Publicó el periódico en primera página.

Roberto dejó su barrio en Guayaquil a los 14 años. Siempre fue un chico tranquilo, responsable y con muchos amigos. Su barrio no era un sitio fácil para vivir pero a él, todos lo querían. Vivía con su abuela, los padres se fueron para Barcelona cuando él tenía 11 años. Cuando se reencontraron, las cosas no fueron tan fáciles como todos esperaban. La integración a la escuela con los nuevos compañeros y el nuevo idioma no era un tema sencillo. La convivencia en el piso con otras personas aparte de los padres, tampoco. Roberto se sentía diferente, rechazado y solo, además no tenía el mismo poder adquisitivo de antes. Ya no había remesas.

La relación con sus padres se deterioraba, se había perdido el sentido de autoridad, ellos, después de años de ausencia, querían complacerlo en todo, pero no podían. Un día después de una discusión con su madre, Roberto le dijo llorando: -“Me quiero ir al Ecuador”- a lo que ella muy serenamente respondió: -“Cuando usted trabaje, gane su propio dinero y además, se gradúe del colegio, se puede ir para donde le dé la gana. Muchachito”- En efecto, 4 años más tarde Roberto llegó a Guayaquil con 3000 euros ahorrados. Compró una moto, le regaló ropa a sus familiares, invitó a todos los amigos a comer y a beber, visitó a las prostitutas.
Cuando no sabía que mas hacer, probó la droga y compró una pistola. Entonces, disparó al aire.

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Contra los talabosques
Contra los armaguerras
Contra los cazapatos
Contra los bajanota

Contra los fumigaparques
Contra los rompeozono
Contra los rascacielos
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Suena otra canción
Pero no la llamen terrorista
No es que sea antipatriota
Es que trae otro punto de vista

El Peloterito del Barça *

*Crónica publicada en el diario www.tribunalatina.com
Esta empezó siendo una primavera fría para todos. De pronto la luz del sol cayó y las temperaturas bajaron estrepitosamente. Desde aquella cancha de entrenamiento, el Camp Nou lucía toda su imponencia. Estar frente a ese estadio siempre es sobrecogedor, no tanto por su tamaño como por su historia, por lo que significa para esta ciudad y por lo que representa dentro del mundo del fútbol.

Manuel Sánchez sabe bien lo que hace, se le nota en la firmeza de su mirada y la contundencia de sus palabras:

–“¡Flexiona la pierna izquierda!”-
-“¡Ponlas paralelas!”-
“-¡De arriba abajo, de a-rri-ba-a-a-ba-jo!”-
-“¡Cóño Sebastián! Le vuelves a pegar de fly y te vas a darle una vuelta al campo”-
-“¡Coñooo! A dar una vuelta!”-

Wall Sebastián Badillo Ponce -mejor conocido como Sebas- admira profundamente a Deco, Ronaldinho, Messi, Etoo y Henry, igual que sus amigos del cole, pero si pudiera escoger, le gustaría ser como su compatriota colombiano Edgar Rentería. Rentería siempre demostró ser muy malo para el fútbol pero ha sido de los mejores jugadores de las Grandes Ligas de Beisbol de los Estados Unidos desde 1996. Ha participado en varios juegos de las estrellas y ha sido declarado dos veces guante de oro y bate de plata.

Sebas a sus 9 años, con el Camp Nou a pocos metros, tiene claro que su sueño es más americano que europeo y, si pudiera escoger, preferiría el estadio de los Yankees o de los Bravos de Atlanta que el de los Culé. Manuel Sánchez también lo tiene claro, Sebas es el estandarte de su equipo, un primera base, zurdo, ambidiestro en el bate, con buen agarre y buen disparo. Un jugador como él, pocas veces se ve por estos lares, y eso lo convierte en la esperanza de cualquier club.

El profe Sánchez entrena a los Alevines del Barca hace cuatro temporadas. Los Alevines es la categoría más chica en un club de Beisbol, está conformada por niños entre los 5 y los 11 años. Niños para quienes los bates, las manillas y las pelotas son sus juguetes preferidos. Niños amantes de un deporte que a veces, ni sus padres entienden. Niños que siguen siendo niños, divirtiéndose en un juego, niños que se van volviendo hombres con disciplina y rigor, niños que son la esperanza de sus padres, niños, con todo un futuro por delante.

-“Aquí hay dinero, incentivos, pero no hay niños”- Eso me dice Manuel, explicándome que este es un deporte que no termina de consolidarse en España y sigue siendo común ver a cubanos, dominicanos, americanos, panameños o venezolanos entrenando los equipos y –si tienen la nacionalidad- integrando la selección. En Catalunya, el deporte era prácticamente desconocido antes de las Olimpiadas de Barcelona en el 92. En ese momento llegó el boom y apareció un interés inusitado por su práctica, pero nuevamente ha decaído, y hoy por hoy hay que hacer hasta lo imposible por mantener los equipos.

-“Aquí hay dinero, incentivos, pero no hay niños”- La frase revolotea nuevamente en mi cabeza, pienso en las calles de los barrios humildes y en los arenosos parques de Barranquilla, mi ciudad natal, la misma de Sebas y de Edgar Rentería, donde peloteritos de todas las edades juegan beisbol como pueden, con cualquier palo de madera como bate, cualquier bola de trapos como pelota, cualquier Coca Cola de dos litros como premio, pero con la misma ingenuidad propia de la infancia, con la misma ilusión, en sus miradas.

Aunque todos están debidamente uniformados con las gorras y sudaderas azul celeste del Barça, el campo de entrenamiento está lejos de ser un diamante de Béisbol profesional, y además deben compartirlo con las otras categorías. Por fuera de las mallas de seguridad los padres de los pequeños hablan de la jugada del último partido y dan sus predicciones para el próximo encuentro. Las madres, por su parte, con ese amor único y sobrenatural que las caracteriza, están con la mirada puesta en sus pequeños y con los dedos cruzados para que el entrenador, no los vuelva a regañar.

-“Play baaaall”- grita el referee.


Para cuando el grito se oye, ya Sebas está más que preparado. Había llegado dos horas antes, había calentado y escuchado atentamente la charla del técnico. Estaba en el campo, una vez más, cubriendo la primera base, una gran responsabilidad en el juego. Tal vez por eso, diez minutos después, su mirada se perdía en cualquier parte del suelo, aún no había empezado a batear y ya el equipo iba perdiendo 8 carreras a 0.

Wallberto Badillo creció jugando fútbol, es su pasión, su debilidad. El día que su equipo, el Junior de Barranquilla, fue campeón del fútbol colombiano, saltó la seguridad del estadio para llegar al césped y abrazar a los jugadores. Por eso, cuando pudo traer a su pequeño Sebas a Barcelona, después de largos años de espera –tal vez los más duros de su vida-, lo primero que intentó fue vincularlo a un equipo de este deporte.

–“Al parecer tenía el efecto Jet Lag pegado, porque lo probaron días y semanas y no servía… hasta se dormía en los entrenamientos”, recuerda con una sonrisa nostálgica y la mirada encaramada en los recuerdos. Es evidente que le hubiese encantado tener un hijo futbolista, pero no puede ocultar su orgullo al verlo en el diamante.


-“Yo me desanimé un poco, pero no se lo quería transmitir, le dije que buscáramos otro deporte y como ya era socio del Barça, descubrí el Beisbol y pensé que le gustaría. Hace dos años lo llevé por primera vez y ya no me le despego.”- Wall disfruta tanto de su hijo que se ha vuelto asistente del entrenador. Recoge las pelotas, guarda las bases, lleva las estadísticas y está pendiente de que a los chicos no les falten ni bates, ni manillas, ni cascos. No se pierde ningún partido, el club le da uniformes y le hace un pequeño descuento en la mensualidad que paga por el entrenamiento de Sebastián.


-“Somos la leche, con Colacao… con Colacao…
Los del Sant Boi,
Somos demasia’o… somos demasia’o…”-

Tanto los que juegan de titulares como los que cantan en las gradas se ven más grandes y fuertes, pero los Alevines del Barça poco a poco han ido remontando el marcador, el encuentro es cada vez más emocionante.

En las gradas del Barça, la más preocupada por el marcador es Yara, una digna exponente de la belleza del Caribe, una morena de amplia sonrisa que desde hace mas de una década es el estandarte de su propio equipo, de sus dos hombres: Wall y Sebas, su familia. Fue Yara la artífice de todo esto. Junto a ella, hay varias madres aparentemente tensionadas, pero la única que entiende el juego es ella, lo vivió en su casa de Barranquilla, toda la vida.

–“¡Dale duro Papii!”- Gritó involuntariamente al ver que su hijo falló en el primer disparo. En el Caribe, las mujeres tienen la potestad para llamar papi a los hombres que aman, indistintamente si son sus padres, abuelos, hijos, maridos o amantes. Aunque en este caso, puede que Yara los haya confundido, pues su padre en la juventud era tan bueno al bate que muchas veces integró la selección nacional de Colombia.

Sebas conectó una línea de hit y la hinchada –no más de 15 personas- saltaron y gritaron de la emoción, lo incitaron a correr y el chico voló, como si hubiera cometido la peor de sus travesuras. Se embasó en segunda. Acto seguido, Jordi, su mejor amigo, estampó un batazo que cortó la leche de sus adversarios, con Colacao y todos sus aditivos. El partido se vuelve intenso y parejo, con jugadas emocionantes de parte y parte y un marcador que solo se distancia por dos carreras a favor del Sant Boi.


Al llegar a la última entrada, después de varios turnos fallados por sus compañeros, Sebas se prepara nuevamente para batear. Las manos le sudan, las piernas le tiemblan, intento tomarle una foto pero temo que la pelota le pegue a mi cámara, él en cambio lo único que teme, es no conectarla. Rastrilla el suelo con la zapatilla como si quisiera hacer contacto con su abuelo, la pelota se acerca a toda velocidad y Sebas la golpea como los dioses.

Yo perdí una foto y gané una emoción. Paul, que estaba en tercera base, llega a Home y Sebas ya corre por segunda, sigue hasta tercera. El entrenador, desde afuera, con su voz grave le dice que se quede allí, pero Sebas no le hace caso y con un zambullidlo en la arena, se roba el home. Wall y Yara saltan al mismo tiempo, mi cámara casi se parte en pedazos contra el suelo, todos celebran, el entrenador lo regaña por desobediente, Sebas llora con fuerzas, con rabia, con ganas, pero también con alegría… y satisfacción.

Los Latinos Justicieros *

* Crónica publicada en el periódico www.mundohispano.info

Héctor Fabio Molina Gutiérrez tiene cincuenta años, tres hijos, tres nietos y una hipoteca que supuestamente terminaría de pagar en el 2030. Le han puteado la madre más de cinco mil veces, pero a él no le importa, entre otras cosas, porque su mamá está muerta. Freddy Bustos nació hace 28 años, es Periodista y hace cuatro años trabaja de lunes a viernes en un mercado de frutas. José Colcha habla con su mujer y sus hijos dos veces a la semana, los miércoles y los domingos. Gana 1200 euros con sus dos trabajos y envía la mitad para su familia. Jorge Obando trabajó desde muy joven, llegó a ser escolta del presidente de Ecuador hace 8 años, ahora es un ferviente cristiano, un buen obrero y el presidente de la asociación CAFILAREC. María Hinojosa trabaja como cajera en un supermercado, toda la vida sintió pasión por el fútbol. Desde chiquita prefirió jugar a la pelota con los varones que con las ollitas y muñecas de sus amigas. Milton Quiroga no conoció ni a su madre ni a su padre, vive en un piso con tres habitaciones, un baño y 6 personas.


Héctor nació en Colombia, Freddy y María en Bolivia, José en Ecuador, Milton en Perú, todos esperan a Jorge, en la puerta de un locutorio frente a la estación del metro Navas, sobre la Avenida Meridiana de Barcelona.


Jorge acaba de salir del metro tosiendo como un perro. El invierno debería terminar en estos días pero las bajas temperaturas se mantienen y no le han permitido recuperarse de los continuos resfriados. Hoy, como cada día de las últimas dos semanas llegó a la construcción a las 8am y antes de las 9am ya se encontraba en el octavo piso. Parado sobre el mismo frío, sucio y enclenque andamio de aluminio, estaba empañetando la fachada de un edificio, junto con su único compañero de trabajo, un ecuatoriano indocumentado. Héctor, Freddy, José, María, Milton y los demás lo esperan para recibir su pago, todos están impacientes, cansados, muertos de frío y de nostalgias. Hablan sobre los platos típicos de sus países y bromean sobre el significado de las palabras en cada región. Jorge los saluda sin muchos ánimos y vuelve a toser.


Al entrar al locutorio, pasan una puerta que dice: -“prohibido el paso”- y siguen el corredor que conocen de memoria hasta el sótano. Las 24 sillas están ordenadas y el tablero de acrílico tiene pintada la cancha de fútbol con los mismos tachones que dejó la explicación del viernes pasado. Jorge se disculpa por la tardanza y advierte que la reunión de este día solo durará una hora porque se siente muy enfermo.


Como en un ritual que conocen a la perfección, cada uno explica las jugadas más complicadas de la fecha anterior y reconocen las dudas que no pudieron expresar en la mitad del encuentro.
–“Es que aquí, al igual que en el periodismo, toca ser objetivo, tener la cabeza fría, mucha capacidad de análisis y de respuesta rápida”- Me dice Freddy, mirándome a los ojos a través de sus lentes. Pareciera que me descubriese. Pienso en la cantidad de veces que soy indeciso en mi vida, que me cuesta tener cabeza fría y resolverme en una dirección sin preguntarme una y otra vez que me habría deparado el otro camino. Freddy lo tiene claro, al menos en el arbitraje no hay tiempo que perder, no hay consejos que pedir, se trata de tomar decisiones, de correr riesgos en cada momento, aún con la certeza de que siempre habrá un inconforme. A la larga, ha entendido que los errores, hacen parte del juego.



Jorge explica las nuevas actividades de la asociación, la posibilidad de pitar un nuevo torneo en Sabadell y la intención de un empresario de llevarlos hasta Madrid. Expone las razones del atraso en el pago de algunos partidos. –“Los empresarios son así, quisiera decirles otra cosa pero no puedo. Me dijeron que me pagarían esta semana y no lo han hecho. ¿Yo qué puedo hacer? Decirles que no pitaremos un partido más para ellos hasta entonces… pero todos necesitamos la plata, aunque sea tarde.”-

Finalmente saca de su bolsillo un fajo de billetes bien doblado y empieza a llamar al frente a cada uno para entregarles un promedio de 25 euros. A las 1030pm todos se suben juntos al metro, cansados pero felices, a dormir un poco para aguantar esta nueva jornada laboral.


***

José Colcha en Ecuador era diseñador de interiores y hace 6 años es albañil en Barcelona. La semana pasada, muerto del susto, se enfrentó a su primer partido. Recuerda que las manos le temblaban al agarrar el balón por primera vez y no fue capaz de sacar ni una tarjeta amarilla. Este sábado, tan solo 8 días después de su debut, tendrá que pitar tres encuentros.


Esta misma mañana, en otro punto de la ciudad, Milton envió 400 euros para que le celebraran el cumpleaños a su nieto. Quiere ver en las fotos piñatas, sorpresas, regalos, ponqués, payasos y todo lo que no pudo darle a sus hijos. Por otra parte, María tiene cara de aburrimiento, preferiría estar pitando partidos de fútbol, que hacer el turno de la mañana, este fin de semana en el supermercado.


La bandera de Bolivia se mueve con el viento, algunos niños halan con curiosidad el pasto artificial. Los adultos se reparten entre las cervezas, la música y el asado de los chorizos. La barra del otro equipo empieza a animar. Frente a los bolivianos, los argentinos cantan coros como si se tratara de las eliminatorias al mundial de Suráfrica. Ambos arqueros llegan con paso lento por sus pesados cuerpos hasta sus respectivas porterías, los capitanes de cada equipo estrechan la mano al árbitro central: Héctor Fabio Molina Gutiérrez, alias El Parce.



El Parce vive hace 8 años en Barcelona, pero asegura que no ha pedido la ciudadanía porque no le interesa ser español. Desde el año 88 ha pitado partidos de fútbol aunque en Colombia durante 27 años se desempeñó como zapatero. Durante el primer año en España trabajó 14 horas diarias en un restaurante y desde después de eso, descubrió según él, el placer de la construcción. Recién llegado a Barcelona, buscó trabajo en zapaterías, pero las opciones fueron pocas y sin papeles de trabajo, era prácticamente imposible. También buscó trabajo como árbitro de fútbol en la liga catalana, lo cual recuerda entre risas: –“Yo tenía 41 años y me dijeron que ya no podía, que el límite de edad eran 40. Tres años más tarde, un amigo me contó que habían ampliado ese margen, entonces volví a las oficinas y me dijeron que lo habían subido hasta los 43, pero ya yo tenía 44… Entonces les pregunté: ¿y no será que lo pueden ampliar de una sola vez hasta 60, es que a mí me queda muy fregado sentarme a esperarlos sin envejecer.”-


***
Muchas veces había ido a ver fútbol pero muy pocas veces le había prestado tanta atención al árbitro. Por primera vez en mi vida le recé al cielo para que no se equivocara. Me embargó un sentimiento espontáneo de solidaridad. Tenía frente a mí a un ser humano, a un tipo dispuesto a aguantar todo tipo de groserías, a un trabajador insaciable que sacrifica el descanso del domingo para enviar unos euros adicionales a su familia en la distancia. La hinchada, cuando no lo puteaba, lo ignoraba. Para unos lo estaba haciendo mal, para los otros también. Me pregunté ¿Quién podría felicitarlo al final del encuentro? ¿Quién lo abrazaría durante un gol? ¿Quién, al menos, compartiría con él la emoción de no haberse equivocado demasiado?
Pensé en la posibilidad de que al menos alguien le reconociera la valentía de sancionar al saboteador y de castigar al tramposo. Pensé en la paradoja de ser un inmigrante que reparte justicia, cuando su realidad es tan injusta.


Vi entonces un jugador jadeando agotado y luego vi a José Colcha, el árbitro de turno, pitando su sexto encuentro del fin de semana, con las manos raspadas por la cal y el cemento de la construcción, con el alma agrietada por la soledad del desarraigo, pero sobre todo, vi un juez con las botas puestas, sin temor, sacando su primera tarjeta roja, corriendo el riesgo de ser apaleado por los jugadores y la hinchada furibunda, pero convencido de estar haciendo lo correcto.
En este punto, entiendo entonces porque Héctor, Freddy, José, María, Milton, Jorge y todos los demás se sienten tan exitosos y triunfadores. Porque aunque nadie los aplauda y todos los critiquen, ellos son la autoridad. Tienen al menos por algunos minutos la potestad, la capacidad de decidir y de obligar, la posibilidad de repartir justicia, de sentirse importantes. Ellos, sin tener muchos euros en la cuenta, ni los papeles en regla, son capaces de detener la carrera del veloz atacante, con un simple movimiento de su mano. Ellos deciden cuándo detener el partido y cómo y dónde reanudarlo. Entiendo entonces, por fin, qué es lo que hago mirando a este tipo que casi nadie mira, este que corre tras el balón sin tocarlo. Entiendo que esta crónica podría contribuir con la justicia. Entiendo entonces que la justicia depende más del sentido común de quien la aplica, que de simples leyes escritas en un papel.




Entonces Jorge mira el reloj, yo me pregunto cuánto faltará y por primera vez me preocupo por adivinar cómo terminará el partido. De pronto, vienen a mi mente las palabras de Freddy Bustos la noche del viernes: -“Lo más bonito del fútbol es que como en la vida misma, no se sabe que va a pasar, hasta el último segundo.”-

Nuesto Tele

Lo miro de reojo, como si no quisiera verlo. Él permanece ahí, silencioso, inmutable, frío, estoico, en su penumbra. Lo miro y guardo distancia, también miro los libros, la ventana, el computador, busco en la luna posibilidades distintas, sueño con ganar la batalla o con al menos no perder al guerra, pero finalmente la pierdo, lo prendo. Me habla entonces de lo mismo, de los mismos, de Chávez, Uribe y Correa, de Reyes, Obama, Clinton, de Bush y la frontera.

Y el libro cerrado me hace una mofa, la hoja de Word permanece en blanco, la luna tiende a desaparecer y aparte de la brisa fría de la noche, lo único que me queda, es la impresión segura de que en cualquier momento un misil caerá sobre mi cabeza.

No es por eso que me voy de este hermoso país de mierda. Me voy por la posibilidad, por el reto, por Barce, por Paris, por las historias, por ella y sobretodo por mí. Me voy porque las masacres me duelen pero viéndolas de cerca me frustro aún más. Me voy a marchar, marchándome, en medio del egoísmo, la cobardía, el dolor y la convicción.

Me voy para prenderlo desde allá y morirme de ansiedad y zozobra, por lo que no deja de pasar aquí.

Te mando

Te mando un beso con sabor a bocadillo, al de acá. Te mando un sueño con sabor a mandarina, la de verdad. Te mando un suspiro como suspira la gaita, te mando la potencia del tambor de mi alma. Te mando te mando, mis sueños te mando. Te quiero, te sueño, te espero y te mando la cancion que no canto. Te mando motivos pa seguir, un derroche de cursileria, olores impregnados de agua salada y una caricia para tu espalda. Te mando el presente, te mando el futuro. Te mando el deseo encarcelado, te mando mis vicios, mi música y todo. Te mando y te mando, la luna colgada en mi ventana, la brisa fresca del Magdalena, te mando mi vida, te mando la arena, te mando sonidos para tus penas, te mando besos para las piernas. La guitarra de Santana, el acordeon de Egidio, la voz de Robi, el piano de Chelito. Te mando alegrias, cocadas y atardeceres. A cambio… solo te pido no llores, no llores, no llores, que te mando las fuerzas y te llevo las flores.

1000 en 15

1111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111.

Ahora, a cada uno ponle ojos, piernas, brazos, mente y corazón. Se trataba de mil personas con alma, sueños y familias. Cada uno tenia derechos, ideales, valores, temores. 'Mil bajas en 15 días pidió Carlos Castaño', reveló 'Jorge 40' y no supe que pensar, no pude pensar nada.

Una fiesta



En estos tiempos de globalizacion, neoliberalismo, fanatismos religiosos y amenazas terroristas, existe una fiesta donde las guerras son de harina y no hay nada mas violento que el movimiento de las caderas. Una fiesta donde la muerte, le tiene miedo a la vida.

Existe una fiesta donde los niños, los jovenes, los adultos y los ancianos bailan hasta que el cuerpo les aguanta. Es una fiesta real e imaginaria, donde los ricos no parecen tan ricos ni los pobres tan pobres, donde las casas se disfrazan, los carros se maquillan y las calles cantan.

Existe una fiesta que involucra todos los barrios de una ciudad con casi dos millones de habitantes. Existe en este mundo desorbitado, una fiesta de desorden ordenado. Una fiesta donde las abuelas, los retrasados mentales, los oligarcas, los desempleados, los de izquierda, los de derecha, los policías, los homosexuales y todos los demas… se dedican a gozar la vida. Esa fiesta existe y desborda el perimetro urbano, baja de la sierra, navega por el rio, se explaya por la sabana y se enfrenta con el mar.

Se trata pues, de una fiesta diferente, donde los diferentes se reconocen, se perdonan, se toleran y sueñan al menos por cuatro días, que todo es posible. Esta fiesta transpasa el territorio de lo físimo para incrustarse en el territorio de lo mas íntimo… de cada barranquillero.

In da jaus

El primer día, los abrazos de mi familia me recordaron lo que se siente en mi casa y entonces las cigarras, las ranas, los pericos, las tamboras, las maracas, me recordaron a qué suena mi casa.

Y descubrí entonces que mi casa no sabe a colombiana, sabe a guarapo, a jugo de lulo y maracuyá. Sabe a los patacones de Odila, a la butifarra de la esquina, a queso costeño y a los besos de mamá.

Entonces, al día siguiente entré al baño y bajo la ducha entendí porque vale 850 euros el tiquete… los rayos del sol cruzaron las palmeras, atravezaron la ventana, rebotaron entre las paredes, calentaron un poco el agua, y me tonificaron el aliento. El color de mi casa, es el color, del mas bello atardecer.

De vuelta

Cuandro escribo este post, en Barcelona son las 05:21pm y en Barranquilla las 11:21am del 20 de Enero de 2008. No tengo muy claro que hora es aquí, a miles de pies de altura, todo es inverosímil. De todos modos, algo está tan claro como el cielo que cruzo: volver nunca es retroceder y mucho menos cuando volver, implica reencontrar. Lo pienso sin miedo: "el reencuentro es tan importante como la misma búsqueda y la felicidad no está en el destino, sino en cada trayecto."

Los extraños del paseo.




Sábado, invierno cálido, paseo marítimo de la Barceloneta. Los turistan disfrutan del paisaje, del buen clima. Los catalanes descanzan de la agtadora semana, hacen ejercicio, trotan, patinan, montan bicicleta. Los híbridos saben bien lo que hacen, pero nadie los entiende. Ellas llevan vestidos negros y largos ceñidos a sus curvas, cayenas verdes, rojas y amarillas en sus cabezas. Ellos llevan sombreros y capas con lentejuelas, bombachos negros y largas medias. La muerte los ronda a todos por igual, pero frente al lente del turista y el temor del catalán, ellos se arman con un palo de madera y ellas con una sonrisa original.
De pronto, un par de perros hacen el amor frente a la playa y entonces la muerte tiembla de miedo mientras se muere de envidia… y de risa, en silencio.

Viajesperanza








Año nuevo, vida nueva, viaje nuevo. A las tres de la mañana me desperté y dos horas despues estabamos en un avión rumbo a Málaga. A las ocho, un nuevo y hermoso amanecer me dijo que estaba en lo cierto. Que la luz que el año pasado llenaba mis espacios era de esperanza y que ahora, la esperanza se despierta cada día mi lado, rozandome la piel con el alma.

Esperanza y yo almorzamos, bailamos, peleamos, sentimos, vibramos, volamos, caminamos por caminos que sonaban conocidos, que se parecían a los nuestros.
Demasiado parecidos para ser españoles. Decidímos entonces buscar la belleza en Picasso, pero nuevamente, yo la encontré en la azucar morena de esperanza.

Entonces esperanza durmió conmigo y yo volví a soñar con ella, y en Sevilla esperanza encontró esperanza y en el cielo negro brillo una estrella. Entonces fue ella quien soñó conmigo y yo quien durmió con ella. Y la esperanza se hizo mujer y la mujer se volvió poema.

Esperanza se enredó en la cama, de mis huesos, de mi alma, de mis penas, y ahora ella y yo somos solo uno, para hacer frente a los dilemas.

Charlotte von Mahlsdorf y sus retazos de historia.*

*Colaboracion para la revita LAMBRADO

Habitualmente, la historia de la humanidad ha sido contada desde el poder, el discurso de los ganadores se ha impusto no solo sobre los vencidos sino sobre el resto de la población, como la única verdad. Hoy en día, es cada vez mas frecuente recurrir a historias aparentemente minúsculas para revelar con sutileza, elegancia y por tanto con mas humanidad, la complejidad de las cosas que pasan. Es por esto que Charlotte es un personaje que marca historia, la historia de una comunidad, de un país, y de la Europa del siglo pasado, una historia que nace en la periferia, en la otredad, pero una historia tan rica que sigue inspirando nuevas luchas, en pleno siglo XXI.

Ninguna vida se puede resumir en un artículo de revista, pero es aún mas complicado cuando se trata de un personaje como Charlotte von Mahlsdorf. Su historia, es la de una mujer que nació hombre. La historia de la travesti más célebre de Alemania, pero además, la histroria de un símbolo. Un símbolo de la diferencia en tiempos repletos de verdades absolutas, de violencia, de ambición y fanatismo. Charlotte fue la encarnación de la lucha por la apertura del espíritu, en tiempos donde la lucha era por el poder absoluto, por la hegemonía política, racial y militar. Su historia es también una apuesta por revolucionar el mundo, pero desde otra orilla: la del arte, la cultura y la sexualidad.

Charlotte nace en un sitio y una época nada recomendable para gente como ella: la Alemania de 1928. Como si esto fuera poco, su padre es un tirano ultramachista y violento, con ideas nacionalsocialistas que prentendía que su afeminado hijo, fuese el soldado que él no pudo ser. Así pues, su vida está marcada desde su nacimiento por una lucha constante, a los 16 años cuando ya no soporta los abusos y maltratos de su padre, no solo con él, sino también con su madre y hermanos, lo asesina a golpes, pero la pesadilla apenas comenzaría. Luego de pasar algún tiempo en la cárcel, logra salir, justo cuando Berlín se desmorona por las bombas de los Aliados. Además de enfrentar el régimen Nazi y vivir muy de cerca, todo el horror de la Segunda Guerra Mundial, Charlotte von Mahlsdorf, -oficialmente Lothar Berfelde- tendrá que enfrentarse con el no muy amable, régimen comunista. Su vida fue entonces, una lucha inquebrantable. En 1992 fue condecorada por su valor cívico, por la recién Alemania reunificada, pero sus últimos años los vivió en el exilio, por ser amenazada y perseguida por los skinheads. El 30 de Abril de 2002, a los 74 años muere en Suecia, aunque la noticia se da a conocer tras sus funerales, para evitar movimientos masivos.

Charlotte fue para muchos y en especial para el colectivo LGTB, una héroe. Una héroe en tiempos de guerra sin saber siquiera empuñar un fusíl, sin morir en el campo de batalla, pero sobretodo sin desfallecer, sin vender sus principios, su dignidad. Por eso inspiraba amor, amor y solidaridad, a fin de cuentas, para lo que vivía.
En su autobiografía, Yo soy mi propia mujer, lo deja claro: -“Siempre contarán con mi amor y mi ternura aquellos que tienen que defenderse de un mundo que les es hostil, aquellos que, como yo, son marginados. Siempre tomaré partido por ellos: por las putas de la calle y sus sueños; por los chicos que se prostituyen sin tener siquiera edad para ello; por los maricas y los gitanos romaníes y sintii; y, por supuesto, por los judíos. En lo más hondo de mi ser anida un sentimiento de justicia y, lo que es aún mas importante, me siento intrísincamente afin a todos aquellos que se hallan al margen de la sociedad. No debería existir nadie que se levantara encima de los demás.”-

Además de su autobiografía, se han realizado reportajes, inumerables programas de radio y televisión, una película documental, varias obras de teatro que han recorrido el mundo contando su vida, y uno de los elementos mas llamativos siempre ha sido el travestismo. Y es que en plena Segunda Guerra Mundial, en medio del genocidio mas grande de la historia moderna, donde no existía el mas mínimo respeto por el otro, su desición de vestir y comportarse como mujer mas que un placer, se trataba evidentemente, de una necesidad. Sus faldas, sus vestidos, sus blusas, sus tacones, no solo eran su obsesión, sino también la posibilidad de construir una nueva personalidad para sobrevivir en medio de la barbarie.

Charlotte es el episodio fallido de un mundo que se encargó de hacer desaparecer los cuerpos de los que eran distintos. Su travistismo se conviertió entonces en su verdad, su automedicación, la posibilidad que encontró de construir y consruise a sí misma, ante tanta destrucción.
Julio Chavez, el actor que la interpreta en uno de los montajes teatrales, dice al respecto: -“Tal vez, nuestras inclinaciones y gustos, las palabras que seleccionamos para hablar y hasta nuestra forma de vestir, son también un acto de supervivencia”-.
Como la gran mayoría de los que marcan historia, para muchos, Charlotte es un personaje complejo: encantador pero sospechoso de colaboracionismo con sectores oscuros del estado alemán, amante del arte pero moralmente dudoso, alguien capáz de asesinar a su padre y amar sin medida.

Para otros tantos, sin embargo, lo único importante es que Charlotte es una héroe de una guerra que no solo acabó con personas si no también con seres inanimados, con obras literarias, con obras de arte, con vestidos y cosas usuales, que éran retratos de una época. Tal vez estos últimos tengan razón y esto sea lo mas rescatable de su historia: su decisión inalterable de salvar de la destrucción, objetos cotidianos que los Nazis y comunistas consideraban decadentes. Hoy por hoy, libros, relojes, candelabros, mesas, armarios, escaparates, gramófonos, vestidos, carteras, baúles, etc. reposan en el Museo Grunderzeit, creado por ella misma en un caserón barroco, y que es motivo de orgullo para la nueva Alemania. Su sensibilidad artistica, su amor por la decoración y su inmensa fuerza de voluntad, permiten que los ciudadanos del siglo XXI, no lo olviden todo.
Charlotte se fue pero dejó la historia marcada grcias a un sitio repleto de objetos que cuentan sin palabras: otras historias. Historas mínimas, historias delgadas y paralelas, a veces anónimas, todas marginales, Todas, sin embargo, posibilidades para narrar el horror de la ambicion humana, para reflexiónar sobre la diferencia.
Hoy, todos los objetos del museo se convierten en marcas de una historia que nunca se terminará de contar. En las huellas de un planeta al que le sigue faltando… demasiada humanidad.

A deu 07


Y me deja una peli y nuevas experiencias,
Un montón de amigos y una vida nueva
Me deja tres sueños en un puñado de estrellas.
Me deja esperanzas y la fe compuesta,
Muy buenos recuerdos y una historia buena…

Me deja imágenes de niños tocando,
Me deja el susurro de una mujer bailando,
Me deja las huellas del que va caminando
Y me deja depronto, su mano a mi lado.

Este año se va y me deja voces en varios idiomas,
Me dejá ciudades que hicieron historia
El 07 se va dejando marcas sobre la arena,
Nueva sangre entre mis venas.

- Prospero! Tenía un año que no te veía!!
Te deseo salud, paz, amor, trabajo, polvos maravillosos y unas lindas vacaciones.
Y a ti que me lees, qué te dejó el 07?

Siempre

Amar siempre es ganar.
Dar, como dice Fito: dar es dar.
Reconocer, asimilar, afrontar.
Dudar, perder, llorar.
Y contigo… bailar siempre es soñar,
flotar, amar, flotar.

Volver a volar.
Nunca se sabe como se da,
pero al final de cuentas
todo es igual,

amar siempre es ganar.

Del Caribe colombiano.


Estando en Barcelona a uno le preguntan todo el tiempo: -“De dónde eres?” a lo que yo respondía al principio, -“colombiano”- y algunas veces me miraban extrañados, como queriendo escucharme nuevamente. Entonces, me tocaba explicarles que mi acento es distinto, porque soy del Caribe colombiano y que somos diferentes, pues naturalmente, no es lo mismo nacer y vivir en ciudades lluviosas entre montañas frías, que bajo el sol ardiente cerca a la inmensidad del mar.

Después de leer la columna Contra los Costeños, parte de una triste trilogía de la última edición de la revista www.soho.com.co, y que ha generado un aguacero de insultos virtuales entre los diferentes ciudadanos, es inevitable escribir algo, cualquier cosa, antes que se me revienten las tripas. Es inevitable sentir pesar y lástima por ellos, por nosotros, por la gran mayoría y mandar mails de indignación.
Luego, ya con la cabeza menos caliente, se vuelve inevitable preguntarse ¿qué clase de medios de comunicación tenemos, si la revista nacional más progresista promueve la publicación de ese tipo de columnas? La respuesta es clara: hay que sumar lectores, armar escándalo, vender más. Empelotar siliconas, ya no es suficiente.

-“¡Qué gran idea! escribamos columnas contra los cachacos, contra los paisas, contra los caleños. Eso! jodámonos mas, hagamos lo que mejor sabemos hacer, pelear, autodestruirnos.”-

Algunos dirán que es necesario aprender a burlarnos de nosotros mismos. A algunos les parecerá una columna divertida, sarcástica, llena de humor negro, a mi me pareció ofensiva, provocativa y poco constructiva, sobre todo para un país sumado en la ignorancia y la pobreza. Quisiera uno pensar que se convertiría en un dispositivo para el debate, para aprender a ser críticos y a reconocernos como sociedad multicultural, pero ninguno de los comentarios de los lectores apuntan a eso, por el contrario, acentúan las diferencias y promueven la violencia. Quisiera uno pensar que la situación es banal, pero yo creo que no es tan sencillo.

Sobre la columna Contra los Costeños, a mi la parte que me molesta particularmente, es en la que el autor dice que los costeños no trabajan, pues se me hace inevitable pensar en Salomón, el moreno que hace 20 años exprime unas 300 naranjas cada día para vender su jugo refrescante bajo el implacable sol. El man de la columna repite que no trabajamos y pienso en mi abuela, madre de 8 hijos, hoy todos profesionales y pienso en el obrero mezclando brea hirviendo cerca a la construcción. Y entonces, el man insiste en que no trabajamos e inevitablemente pienso y sueño, porque así somos los nacidos frente a la inmensidad del mar, y entonces se me antojan las voces de Arroyo, Vives, Cabas, Baena, Rentería, Cabrera, Mebarak, Valderrama, Tcherassi, Grau, García Marquez y tantos otros sin los cuales Colombia no sería la misma. Así, de un momento a otro, en lo mas profundo de mi alma escucho sus voces de protesta y entonces sueño que Soho se preocupa y el escándalo se arma, pero en vez de venderse mas revistas un grupo de costeños en Bogotá atacan las sedes del grupo editorial con bolsas de agua y puñados de maicena, tapados con mascaras de Torito y Marimondas para que no los acusen de terroristas. Y entonces veo la sala de redacción en la revista donde un periodista le pregunta a Daniel, -“¿jefe y ahora que vamos a comer?”- Y Daniel responde tajantemente: -Mierda!


No obstante, en Macondo siempre han llovido flores amarillas junto con balas. Se comían chivos, pero también tierra y cal. Por lo tanto tengo que decir que la región Caribe, es un amplio territorio comprendido por siete departamentos que cuentan con ríos, lagos, desiertos, llanuras, puertos, ciudades turísticas, comunidades indígenas, parques naturales, recursos como carbón, níquel, sal, café, algodón, ganado, una sierra nevada junto a playas paradisíacas y 9 millones de habitantes, de los cuales mas del 70% vive en los bordes de la miseria. Es lamentablemente, la región mas pobre del país y no creo que sea por física flojera, más bien, por un centralismo que nos ha saqueado, una corrupción implacable, obviamente cimentada en una tremenda falta de educación. Los costeños, buenos para ver la vida con alegría, no hemos sido capaces de construir una sociedad más ordenada y menos injusta, mientras los cachacos, los caleños y los paisas han puesto todo de su parte para que la situación permanezca igual.

Es paradójico que la región que con su arte, su música, sus artesanías, su literatura y su deporte le ha dado identidad cultural al país en el exterior, no haya parido lideres dignos que la saquen del eterno atraso, y ni los políticos, ni los empresarios, ni los académicos, ni los trabajadores, ni los artistas, ni los estudiantes, hemos sido capaces de ponerla en donde debería estar.

Es triste ver la proliferación de insultos entre cachacos y costeños, otra guerra dentro de la guerra, un humor que nos divierte y nos divide, que no nos deja construir un país donde quepamos todos.

Por eso, es igual si algunos no nos entienden, somos, hemos sido y seremos Caribes, todos los que hemos nacido o pasado largas temporadas en esas tierras de bolita’e coco, caribañola y mango biche, todos los que alguna vez hemos bailado un Vallenato, una Cumbia y un Porro, todos los que hemos trabajado duro para poder un viernes cualquiera, hundir los pies en la arena, mirar el horizonte y cogerla suave mientras disfrutamos del atardecer.

Para el costeño, o al menos para mi, ser del caribe se convierte en un sentimiento que traspasa fronteras y por eso me jode cuando siento criticas destructivas, al tiempo que me siento impotente frente a lo que pasa, cuando busco y no encuentro salidas.

De algo si estoy seguro, Ser Caribe es una actitud, un estilo de vida, una filosofía, que se va con nosotros para donde nosotros nos vamos y que se junta con los iguales, un espíritu que se lleva por dentro y por lo tanto seguiremos siendo escandalosos, extrovertidos, alegres, al tiempo que es cierto que debería ser un reto, debería por fin convertirse en un compromiso, para hacer críticas constructivas, generar diálogos productivos y que cogerla suave no se nos vuelva, el estado natural.

Sí, aunque a algunos les duela, seguiremos siendo como el mar, transparentes, con diversas tonalidades, incansables, seguiremos siendo románticos, sensibles y sobre todo, no-violentos, pero estas columnas podrían ser un punto de encuentro para un debate mas a fondo. Es triste y peligroso ver como se gesta el racismo en Bogotá con grupos en Facebook que piden la salida de los Caribeños de la capital. En una sociedad y una ciudad tan convulsionada como esa, no quiero ni pensar que podría pasar si los jóvenes se organizan en pandillas, ¿parece exagerado? tal vez lo sea, pero ¿cuántos muertos han producido las barras bravas?

En todo caso, creo que es igual o más peligroso, creer que en nuestra costa todo está Mono como el Pibe, mientras la realidad sigue como siempre, patas pa arriba.

Al igual que Salomón, el man de los jugos de naranja, para los que quieran ver una visión interesante sobre el Ser Caribe y el Ser Bacán ahí les dejo este blog.
http://hugogonzalezmontalvo.blogspot.com/

Qué será lo que tiene esa mujer?

Le pregunté a Carelibro: ¿Qué será lo que tiene esa mujer? Y Jorge me respondió: -“ que resplandece como estrella y le falta a las demas eso que le sobra a ella... lo que tiene esa mujer te parece irresistible....”- y Javier me dijo: -“el reto de ser conquistada”- y Darío agregó: -“lo que no tiene la otra”- Junior afirmó: -“será el Espiritu Santo de Dios”-.
-“Unas nalgas bien chéveres...”- Sentenció Freddy entre risas.

Son y serán muchas las respuestas, así es Carelibro, pero yo descubrí que además tiene los ojos mas claros que el pelo, el corazón mas grande que el pecho, la conviccion mas grande que las ganas, las ganas mas grande que los senos, los sueños mas grandes que los miedos… y un par de piernas morenas, firmes, divinas, capaces de temblar de amor.

Esa mujer tiene la elegancia del Tango, la pasión del Flamenco y la alegría de la Salsa. Esa mujer tiene poesía en su mirada y mi inspiración enredada, esa mujer tiene pecado, tiene ambiciones, tiene egoismos, espejismos, ganas entre sus venas, el alma entre las piernas.

Esa mujer tiene un delicioso parecido, con lo que un día soñé.

Hoy es un día normal.

Xavier camina por uno de los trenes de la Renfe, la empresa de trenes de Barcelona.

-“Por qué no te callas?”- Le dice el Rey de España a Chavez en la cumbre iberoaméricana. Uno se pregunta qué pitos toca el Rey de España en una cumbre de mandatarios elegidos democráticamente. Uno se pregunta qué clase de democracia existe en un país donde el presidente cierra medios de comunicación, prohibe conciertos de ciertos cantantes, no tiene oposicion en el parlamento y propone un referendo para proclamarse presidente por tiempo indefinido. Pero lo mas interesante es que la televisión española no tiene tiempo para explicar de qué estaba hablando Chavez y la gente del mundo no tiene tiempo para leer el periódico. Hay un corte a comerciales y entra la publicidad de Movistar de Repsol y del Grupo Santander.

Xavier está borracho, ha tenido un mal día, mira a un lado y al otro, discute con alguien en el teléfono y de un momento a otro, algo le da rabia, es una chica bastante menor que él.

-“Por qué no te callas?”- Pregunta el Rey.
-“Por qué no le escuchas?”- Me pregunto yo.

La escucho, me dice que me vaya si quiero… si estoy aburrido de verla bailar Tango durante una hora: -“Sí, ya estoy rayado, pero quiero quedarme”- le contesto.
-“Quieres quedarte y entonces por qué estás rayado?”-
-“Por sé que no me van a alcanzar las palabras, porque no se escribir poemas, porque verte bailar es un poema y yo odio la redundacia, el exceso de belleza se vuelve una melcocha insoportable que luego no puedo quitarme de encima”-
-“Mierda, está bien… pero no me odies.”-
-“No, tranquila, aún no.”-

Ella no la mira, él empieza a odiarla, le grita, la escupe, le acaricia las tetas, la vuelve a insultar: -“ecuatoriana de mierda… vete para tu país”- y le mete una patada en la cara. Pudo decirle venezolana, colombiana, peruana, daba igual, igual salió libre.

584.089 pesos paga mi tío por su cuenta de este mes en Movistar. Bastante más de 584.089 gramos de coca se consumieron en el verano pasado en Ibiza, de los cuales Xavier dejó dos rayas para el regreso y se metió justo antes de tomar el tren. 584.089 desplazados por la violencia se encuentran asentados en los departamentos de la Costa Caribe colombiana, 584.089 bocas que hace rato no comen y hace muchisimo… no sonríen mientras el resto de mi mundo hace mas o menos… lo que le da la gana.

Un día bacano.


10:00am

- De dónde eres?
- De Colombia.
- Y a qué huelen las flores de Colombia? Me preguntó el.
– A muertos – pensé yo, pero preferí no responder.
- Qué es mas importante, el mar o el cielo? - Pregunté yo.
- El horizonte, me contestó él... y me jodió


05:00pm

Escucho A lo loco, y pienso:

Celia nació entre palmera y libertad, Pau entre el arte y la maldad. Celia no conocía de coherción, Pau creció viendo en la tele al dictador. Celia nació en La Habana, cuando España estaba en guerra, Pau creció en Barca, cuando Cuba se empezó a oxidar.

Yo creo que el mundo está cagado pero esconde un poder particular, multiculcutar, interplanetario y atemporal. Un poder que tiene buen clima y se puede bailar… que permite ver lo bueno, donde parece no estar.

A Celia le gustaba el Mojito, Pau prefiere el Jarabe de Palo, pa Celia la Vida era un Carnaval, y a él todo le parece bacano.


11:45pm

-" Existe un mundo, donde los jóvenes cambiaron la trigonometría por la poesía, la economía por el teatro, donde la historia se enseña con cine y los ricos son muchos mas que los pobres. Existe un mundo donde la toleracia se impone y las sonrisas son comunes, donde el hambre no existe y todo nos une. Existe un mundo, donde los mangos crecen silvestres y los rencores se pierden en callejones oscuros por donde nadie pasa. Existe un mundo donde los pajaros cantan y componen sin peligro, donde pueden hablar pero sobre todo escuchar a sus semejantes. Existe un mundo sin ignoracia, un mundo siempre con música y con tiempo para apreciar los detalles. Existe un mundo repleto de pequeñas cosas, un mundo muerto de la risa, con atardeceres eternos y romances perpetuos, con un pasado de cariño y un futuro de ilusión. Un mundo tan complejo como maravilloso, lleno de paz, armonía y naturaleza. Existe ese mundo, igual si me crees que si no, igual existe. Una cosa si te advierto, como vuelvas a besarme de esa manera… te arastraré por el pelo, y te dajeré ahí tirada... para siempre."-

Se lo dije al oido mientras bailamos, pero la música sonaba fuerte, así que aún no se si me escuchó.